INBIO importa germoplasmas y apunta a desarrollar más tecnología para el Agro Destacado

El Instituto de Biotecnología Agrícola (INBIO), acuerdo mediante, importó de los Estados Unidos de América 57 germoplasmas de soja en el marco de su programa de mejoramiento de soja, en busca de ampliar la variación genética para seguir brindando más tecnologías al productor. Los materiales introducidos son de variedades convencionales y RR1, de diferentes grupos de maduración y con resistencia a diferentes enfermedades.

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Brasil importó 620 mil Toneladas de soja Destacado

La mayor demanda de soja paraguaya desde Brasil, consolida al vecino país como la segunda plaza más importante en la presente temporada, con un 11 % de participación, según indica el informe de comercio exterior de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco). El vecino país importó unas 620 mil toneladas de soja entre enero a setiembre de la presente temporada.

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Rechazan un nuevo intento de impuesto discriminatorio a la soja Destacado

Ante las intenciones de algunos senadores de llevar adelante un proyecto de ley de “Seguro Agrícola para la Agricultura Familiar Campesina”, desde la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco) consideramos que esta iniciativa parlamentaria tiene el objetivo de crear un nuevo impuesto que grava la actividad agrícola, en este caso a la exportación de soja en estado natural.

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Tiempo de pandemia, tiempo de la agricultura familiar Destacado

Más allá de todas las incomodidades que instaló la pandemia del corona-virus en la rutina de la gente es posible rescatar algunos cambios interesantes en la visión de la sociedad sobre sus posibilidades de sobrevivencia caso que las restricciones impuestas por las autoridades fueran a prolongarse hasta niveles insostenibles. Es que las noticias provenientes de todo el mundo es una mezcla de los reportes sobre nuevos infectados, recuperados, hospitalizados, con tratamientos en UTIs, y del número de fallecidos junto a los reportes de la desesperación de la gente ante las caídas de los ingresos económicos, la pérdida de las fuentes de trabajo, sumadas a las restricciones a la movilización social, el pánico inducido por el claustro y el consecuente aburrimiento colectivo.

Frente a este escenario desolador propio de sociedades urbanas habituadas a una rutina regulada por el consumismo: trabajar para comprar alimentos, divertirse o distraerse, y satisfacer las necesidades relacionadas a los diversos niveles de bienestar, surge la sociedad campesina habituada a producir su propio alimento, vender algunos excedentes de producción, comprar los artículos que satisfacen sus mínimas necesidades, fortaleciendo su espíritu de sacrificio y de aguante de situaciones límite sobrevivencia. Ese es el ambiente de la milenaria Agricultura Familiar tradicional. Aquella con que nació la agricultura paraguaya desde la época de la Independencia o hasta anterior a la misma. Es la agricultura que practicaban y lo siguen haciendo los “pequeños” (y medianos) agricultores para producir los alimentos básicos que necesitan para subsistir: mandioca, maíz, poroto, batata, zapallo, calabaza o andaí, unas plantas de banana, naranja y mandarina, alrededor de la casa y una pequeña huerta.

RECLAMOS AL ESTADO

En los últimos tiempos surgieron algunas inquietudes de los sectores campesinos reclamando acciones del Estado que promuevan acciones que revigoricen la agricultura familiar demostrando con hechos que la misma es capaz de sustentar no solo a la sociedad rural sino también a la urbana con variados alimentos. 

La mejor demostración de la fuerza de la agricultura familiar se ha visto cuando organizaciones campesinas entregaban cargas de mandioca, maíz, poroto, batata y otros productos en barrios capitalinos como aporte a las “ollas populares” que se instalaron en diversos lugares del Gran Asunción como estrategia para paliar la amenaza de hambre que instaló la paralización de las actividades productivas y económicas.

La valoración que la agricultura familiar viene ganando en los últimos tiempos no es solo un fenómeno nacional. Todos los países del mundo y organismos internacionales están embarcados en rescatar este estrato de la producción agropecuaria tanto como fuente generadora de alimentos, como actividad económica, así como un componente cultural considerándola como un medio de preservación de recursos fitogenéticos nativos y de conocimientos populares ancestrales en vías de extinción.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), “la Agricultura familiar es una forma de organizar la agricultura, ganadería, silvicultura, pesca y pastoreo, que es administrada y operada por una familia y, depende preponderantemente del trabajo familiar, tanto mujeres como hombres”. La familia y la granja están vinculadas – dice la FAO – evolucionan juntas y combinan funciones económicas, ambientales, sociales, culturales y tecnológicas.

Este enfoque no es otra cosa de lo que se conoce como “el mboriahú rygüatâ” (el pobre satisfecho), o de las familias campesinas que producen todos los alimentos que consume sin necesidad de “gastar” dinero afuera. Suficiente mandioca, maíz, poroto, maní, para el consumo familiar y para alimentar cerdos, gallinas, patos, y frecuentemente las vacas lecheras de la familia.

 Alrededor de la casa siempre hay unas plantas de banana, naranja, mandarina, mamón, mango, aguacate, guayaba que también son consumidos por humanos y animales, ambos componentes del eco-sistema familiar. Y para generar los ingresos “efectivos” se cultivaba y se vendía algodón, ahora sésamo o chía, además de leche, queso casero, huevo casero, tabaco negro (a veces convertido en cigarro o trenzado). Esta realidad no es un recuerdo romántico de la época del Paraguay colonial. 

Es una realidad muy reciente que comenzó a desmoronarse con la irrupción de la agricultura empresarial mecanizada, la expansión de las fronteras agrícolas, y con ello una masiva y descontrolada agresión a los recursos naturales, fundamentalmente bosques, cursos de agua y fauna silvestre, con desenlace final en la alarmante degradación de los suelos.

VALOR SOCIAL Y CULTURAL DE LA AGRICULTURA FAMILIAR

Si bien es cierto que la agricultura empresarial es la que genera la mayor parte de los ingresos de divisas al país mediante la exportación, no se puede ignorar la contribución de la agricultura familiar para el consumo interno de esos mismos productos exportados por lo que merece una mayor atención de las autoridades e instituciones vinculadas al sector productivo campesino.

Un programa que rescate aunque sea parte de esa riqueza de la agricultura familiar como productora de alimentos, empleadora de mano de obra rural, generadora de ingresos económicos, y motivadora del arraigo de la población rural a su tierra, su comunidad y su cultura, debe enfocar todos los componentes de ese complejo socio-económico-cultural-tecnológico.

En lo tecnológico, la agricultura y la pecuaria nacional cuentan con el apoyo de instituciones oficiales como el Ministerio de Agricultura y Ganadería, a través de su Dirección de Extensión Agraria (DEAg), el Instituto Paraguayo de Tecnología Agraria (IPTA) a través de sus centros de investigación de Choré y Caacupé; la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional, a través de su sede central en San Lorenzo y sus filiales en Santa Rosa (Misiones), Caazapá, San Pedro de Ycuamandyjú, y Pedro Juan Caballero que desarrollan investigaciones y transferencia de tecnologías apropiadas al manejo que las familias rurales que se encuadran en las características de la Agricultura familiar.

Además de manejo y conservación de germoplasmas criollos los trabajos de selección y evaluación de variedades de mandioca, batata, maíz, poroto, habilla, arveja, caña de azúcar, forrajes, frutas nativas y exóticas (banana, piña, cítricos, guayaba, mango, aguacate, acerola); treinta especies de hortalizas para el consumo familiar y eventual venta, conforman un amplio abanico de oportunidades para la Agricultura Familiar, capaz de cubrir los doce meses del año con producción.

 En el enfoque antes mencionado, todos esos rubros deben ser producidos en cantidades suficientes para satisfacer las necesidades de consumo de la familia y de los animales menores cuya cría forma parte del sistema aportando complementariamente carne, huevo, leche y queso. Cabe señalar que una de las principales funciones de la Agricultura Familiar es la de posibilitar a la población campesina el acceso a alimentos inocuos y nutritivos, así como que ella es la indicada de velar por la protección de la biodiversidad genética y de los recursos naturales básicos para la agricultura.

A todo lo señalado o precedentemente, hay que sumar todavía la brecha abierta para la producción artesanal de semillas (nuestro país adolece de insuficiente disponibilidad de semillas en casi todos los rubros de producción): cualquier intento de encarar algún programa de producción de un rubro determinado, se depara con el problema de escasez de semilla de buena calidad.

Además de constituir un problema técnico y tecnológico, lo es también desde el punto de vista económico ya que la importación de tales semillas genera una importante erogación de divisas.

EL ROL DE LAS MUJERES Y DE JUVENTUD RURAL

La intención de apoyar o impulsar el rescate de la agricultura familiar tradicional debe considerar también la inclusión del enfoque de género y de la juventud rural en el proceso. La participación de las mujeres en todas las actividades de la agricultura familiar es de gran importancia y decisiva, pero generalmente soslayada. 

La mujer rural toma decisiones sobre variedades de plantas y cantidades a cultivar, sobre la base de sus conocimientos en cuanto al uso y aprovechamiento de los diversos productos agropecuarios de la finca.

Por su parte, el segmento juvenil de la población campesina constituye un componente decisivo para que la Agricultura Familiar recupere su protagonismo en el bienestar de la gente y en la economía nacional, primero, por ser mayoría, y luego por representar la esperanza de que el campo va seguir produciendo lo básico para la alimentación familiar, y que va seguir poblado de la gente que sabe y necesita aprovecharlo.

 

Por: Ing. Agr. José F. Bareiro M.

Profesor de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNA

 

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