El presidente de la Comisión de Carnes de la Asociación Rural del Paraguay (ARP), Mario Balmelli, trazó un diagnóstico contundente sobre el presente y las perspectivas del negocio cárnico en Paraguay. También habló de la distribución en la Unión Europea (UE) de la cuota de 99.000 toneladas de carne vacuna con arancel preferencial.
Balmelli en diálogo con Valor Agro, puso el foco en la falta de previsibilidad y confianza que hoy condiciona las decisiones productivas, reclamó mayor estabilidad en el accionar de la industria y destacó que el contexto internacional ofrece una oportunidad concreta para mejorar precios, invertir y avanzar en la recuperación del stock bovino.
El dirigente recordó que el país arrastra varios años de caída del stock, con una pérdida estimada de alrededor de 1,5 millones de cabezas, y subrayó que la recuperación no será posible sin incentivos adecuados.
“El mejor estímulo para el ganadero es el precio”, afirmó, en línea con experiencias regionales, y remarcó que la previsibilidad en los valores de la hacienda es clave para que el productor vuelva a invertir, mejore la eficiencia y apueste a aumentar la producción.
Por otra parte, la firma del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea volvió a poner en primer plano uno de los temas más sensibles para el sector cárnico regional: la distribución de la cuota de 99.000 toneladas de carne vacuna con arancel preferencial.
Para Mario Balmelli, presidente de la Comisión de Carnes de la Asociación Rural del Paraguay (ARP), el nuevo escenario obliga a revisar el reparto del cupo con criterios actualizados y acordes a la realidad productiva y exportadora de cada país.
Balmelli recordó que las negociaciones comenzaron hace más de veinte años con expectativas muy superiores en volumen. En aquel momento, el Mercosur aspiraba a colocar más de 300.000 toneladas en el mercado europeo, cifra que con el paso del tiempo se fue ajustando hasta desembocar en el cupo actual.
Aún así, subrayó que las 99.000 toneladas acordadas representan apenas alrededor del 1,5% del consumo total de carne de la Unión Europea, lo que, desde la visión del sector productivo, descarta un impacto negativo relevante sobre el mercado comunitario.



