El agro paraguayo atraviesa un proceso de transformación constante, impulsado por la incorporación de tecnología, la adaptación a escenarios cambiantes y, sobre todo, por la resiliencia de sus productores. Así lo sostuvo el ingeniero Fabián Pereira, director comercial de GPSA, quien destacó que el verdadero motor del crecimiento del sector no pasa por un momento puntual, sino por una evolución sostenida en el tiempo.
“La tecnología hoy no está ajena al agro, y el productor paraguayo ha demostrado ser un gran adoptador de innovación. Esa es una de las clave para seguir creciendo y produciendo de manera eficiente”, afirmó Pereira, al tiempo de subrayar que la agricultura y la ganadería avanzan a un ritmo cada vez más dinámico.
En ese contexto, explicó que uno de los ejemplos más claros es la evolución genética de los cultivos. “Cada dos años surgen nuevas variedades de soja con mejor potencial de rendimiento, mayor tolerancia a enfermedades y mejor comportamiento frente a condiciones adversas como el exceso de agua o el estrés térmico. Eso obliga a todo el sistema productivo a actualizarse permanentemente”, indicó.

Desde GPSA, el enfoque está puesto en acercar soluciones concretas al productor, adaptadas a las distintas realidades del país. “Hoy contamos con materiales que responden muy bien en suelos bajos, con alta tolerancia al encharcamiento, y también con variedades que se desempeñan de manera eficiente en suelos más arenosos, como los del norte. La clave es ofrecer tecnología que realmente se adapte a cada ambiente productivo”, explicó.
El portafolio también incluye avances en maíz híbrido y fertilización. Pereira destacó especialmente el desarrollo de insumos que contribuyen a mejorar la salud del suelo. “Estamos trabajando con fertilizantes órgano-minerales que aportan materia orgánica y microorganismos, lo que permite recuperar la vida del suelo y potenciar el rendimiento de los cultivos”, señaló.
Un escenario desafiante para el arroz
En cuanto a la campaña arrocera, el directivo advirtió que el sector enfrenta un momento complejo, principalmente por factores externos. “Hoy tenemos buenos niveles de productividad, con promedios que rondan entre 8.000 y 8.500 kilos por hectárea, pero el problema está en el precio”, explicó.
Según detalló, la alta producción en países competidores y la apertura de mercados internacionales generan una sobreoferta que impacta directamente en la rentabilidad. “El exceso de volumen en el mercado presiona los precios a la baja, y eso eleva el punto de equilibrio para el productor. Es una situación que preocupa”, reconoció.
No obstante, destacó que se trata de un sector acostumbrado a la volatilidad. “El arroz tiene ciclos muy marcados. Cuando grandes jugadores como Brasil ajustan su área de siembra, el mercado se reacomoda. Paraguay tiene un enorme potencial para seguir creciendo, y el cultivo sigue plenamente vigente”, afirmó.
La soja devuelve el optimismo
A diferencia del arroz, la campaña sojera 2025/2026 dejó un balance altamente positivo. “Fue un año muy bueno, superamos las 10 millones de toneladas y eso devolvió la esperanza a muchos productores que venían golpeados por campañas anteriores”, expresó Pereira.
El buen desempeño fue especialmente notorio en zonas del norte del país. “Departamentos como San Pedro, Canindeyú y Amambay tuvieron condiciones climáticas favorables, lo que se tradujo en excelentes rendimientos. Eso genera un alivio financiero importante y permite encarar el siguiente cultivo con otra perspectiva”, sostuvo.
Además, resaltó el efecto positivo en el sistema productivo en su conjunto. “El productor que logra un buen resultado en soja puede afrontar mejor la siembra del maíz de segunda, generar nuevos ingresos y comenzar a recomponer su situación económica tras años difíciles”, explicó.
El productor, un renovador permanente de esperanza
Más allá de los números y la tecnología, Pereira puso el foco en el factor humano que sostiene al agro paraguayo. “El productor es un constante renovador de su fe. Cada 180 días vuelve a apostar, a invertir, a confiar en que la próxima campaña será mejor”, reflexionó.
En ese sentido, destacó la fortaleza del sector frente a la adversidad. “El clima, los precios, los costos… todo puede jugar en contra, pero el productor siempre busca la manera de salir adelante. Incluso después de varias campañas negativas, vuelve a empezar con la misma energía”, afirmó.
Finalmente, extendió esa mirada a toda la cadena productiva, incluyendo a los pequeños agricultores. “Hay muchísima gente que sigue apostando, por ejemplo, al sésamo, con la esperanza de integrarse al sistema productivo. Esa actitud es la que hace grande al país”, concluyó.
Con innovación, adaptación y una confianza inquebrantable, el agro paraguayo reafirma su papel como uno de los pilares fundamentales del desarrollo económico nacional.


