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¡“Mi Cocina, Mi Orgullo” ya tiene sus 25 familias finalistas!

En la edición 2026 de “Mi Cocina, Mi Orgullo”, 25 familias de distintos puntos del país llegaron a la gran final tras trabajar para alcanzar el indicador del Semáforo de Eliminación de Pobreza: “Tenemos cocina elevada y ventilada”.

El desafío propone convertir la cocina en un espacio más seguro y adecuado para la preparación de alimentos, a partir de decisiones y acciones concretas realizadas por cada mujer emprendedora y su familia.

Las finalistas forman parte de los Comités de Mujeres Emprendedoras de Fundación Paraguaya, cuyos integrantes acompañaron y apoyaron a sus representantes durante todo el proceso para alcanzar la meta.

Por eso, el reconocimiento contempla tanto el esfuerzo de cada ama de casa como el de sus compañeras de comité. La finalista que resulte ganadora recibirá un premio en efectivo y su Comité de Mujeres Emprendedoras también será premiado con dinero en efectivo.

Una iniciativa de Verdeate

“Mi Cocina, Mi Orgullo” forma parte de Verdeate, iniciativa de Fundación Paraguaya que impulsa a las familias a identificar los aspectos de su vida que desean transformar y establecer metas concretas para avanzar hacia una vida sin pobreza.

¿Por qué Verdeate? 

El Semáforo de Eliminación de Pobreza, plantea una encuesta de 50 indicadores que miden el nivel de pobreza multidimensional. Cada indicador puede marcarse en rojo, amarillo o verde, como los colores del semáforo. El rojo identifica los aspectos que representan una dificultad y requieren atención; el amarillo señala aquellos en los que la familia está avanzando, pero aún no es suficiente; y el verde indica que se alcanzó una condición deseada. Cada familia se autoevalúa y elije asignar el color de cada indicador de acuerdo a su situación actual.

Verdeate invita a las familias a transformar sus indicadores que están en rojo y amarillo en verde, mediante metas y acciones concretas. Ahora, las 25 finalistas esperan el voto de la ciudadanía.

Las votaciones estarán abiertas hasta el martes 29 de septiembre.

Votá por tu familia favorita aquí: https://fundacionparaguaya.org.py/concurso/index?388

Conocé sus historias, elegí a tu favorita y acompañá su esfuerzo.

 

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Fortalecen la lucha contra el tráfico de fauna silvestre en internet con nuevo protocolo de actuación rápida

El Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADES) dio un paso trascendental en la protección de la biodiversidad paraguaya al aprobar el Protocolo de Actuación Rápida ante Denuncias de Tráfico de Fauna Silvestre en Redes Sociales, mediante la Resolución N.° 436, firmada el 22 de septiembre de 2026.

La nueva normativa establece procedimientos estandarizados para que las dependencias técnicas del MADES actúen de manera inmediata ante denuncias ciudadanas o detección de publicaciones vinculadas al comercio ilegal de animales silvestres en plataformas digitales y redes sociales.

El tráfico ilegal de fauna silvestre representa una de las amenazas más graves para la conservación de la biodiversidad en Paraguay. En los últimos años, los mecanismos tradicionales de comercialización clandestina han migrado progresivamente hacia espacios digitales, donde la oferta de ejemplares vivos, partes de animales y especies protegidas puede difundirse con rapidez y gran alcance.

Frente a esta realidad, el MADES incorpora una herramienta operativa destinada a fortalecer su capacidad de respuesta institucional, permitiendo documentar adecuadamente las evidencias digitales, verificar la información recibida y coordinar acciones de fiscalización e intervención en cumplimiento de la legislación ambiental vigente.

Una respuesta a los nuevos desafíos del delito ambiental

La aprobación del Protocolo se enmarca dentro del Plan de Acción 2023-2033 de la Estrategia Nacional para el Combate al Tráfico Ilegal de la Fauna Silvestre en Paraguay, cuyo eje estratégico contempla el fortalecimiento de las capacidades institucionales para enfrentar el comercio ilegal de especies en entornos digitales.

Con esta medida, el MADES transforma una línea estratégica nacional en una herramienta práctica de aplicación inmediata, consolidando mecanismos que permiten actuar con mayor eficacia frente a una modalidad delictiva cada vez más compleja y dinámica.

El Protocolo busca además garantizar la correcta obtención, resguardo y trazabilidad de las evidencias digitales, fortaleciendo los procedimientos administrativos y las eventuales acciones judiciales derivadas de las infracciones detectadas.

El rol de la ciudadanía

La nueva normativa convierte a la ciudadanía en un aliado fundamental para la protección de la fauna silvestre.

Cada denuncia realizada de manera oportuna puede contribuir a identificar redes de comercialización ilegal, rescatar animales silvestres y prevenir daños irreparables a especies que forman parte del patrimonio natural del Paraguay.

El MADES recuerda que la compra, venta, tenencia y comercialización ilegal de fauna silvestre constituyen conductas prohibidas por la legislación nacional y generan graves impactos sobre los ecosistemas, la biodiversidad y el equilibrio ambiental.

Un avance normativo para la conservación

La adopción de este Protocolo constituye un avance institucional que fortalece la capacidad del Estado paraguayo para enfrentar el tráfico de fauna silvestre en el siglo XXI, incorporando herramientas adaptadas a las nuevas formas de criminalidad ambiental que operan en el espacio digital.

Con esta iniciativa, el MADES reafirma su compromiso con la conservación de la biodiversidad, la aplicación efectiva de la normativa ambiental y la protección del patrimonio natural para las generaciones presentes y futuras.

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Autoridades del SENAVE visitaron zonas productivas del Chaco

El presidente del Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (SENAVE), Ing. Agr. Ramiro Samaniego, desarrolló una jornada de trabajo en el Chaco, a fin de verificar in situ las actividades productivas de la zona y articular acciones dentro del ámbito de competencia de la institución.

La comitiva estuvo integrada por el viceministro de Ganadería, Marcelo González Ferreira; autoridades del SENAVE y representantes de la Unión de Gremios de la Producción (UGP).

Como parte de las actividades, las autoridades visitaron la Cooperativa Chortitzer, donde dialogaron con Ronald Reimer, presidente de la Cooperativa. Asimismo, durante el encuentro se abordaron aspectos relacionados con productiva producción agrícola en esta región, así como las principales necesidades y desafíos del sector.

Posteriormente, se visitó la planta desmotadora de algodón de la cooperativa, donde se mostraron los procesos de separación de la fibra y la semilla del algodón

La visita técnica incluyó igualmente una recorrida por las comunidades de La Esperanza y Última Esperanza. En ambos lugares, las autoridades observaron cultivos de algodón y cebolla, así como sistemas de riego utilizados para el desarrollo de la producción en las condiciones propias de la zona.

La jornada contribuyó a fortalecer la articulación interinstitucional y acompañar el desarrollo de la producción agrícola en el Chaco.

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Las raíces de un Yguazú que crece

Ichiro Fukui, integrante de la comisión directiva de la Expo Yguazú, repasó los orígenes de la colonia japonesa, las dificultades de los primeros inmigrantes y la transformación de una comunidad que hoy apuesta por la producción con valor agregado sin dejar de preservar sus raíces.

Colonia Yguazú cumplió 65 años de historia marcada por la inmigración japonesa, el trabajo de sus pioneros y un proceso de transformación que convirtió una zona inicialmente desconocida para los colonos en una comunidad productiva y en crecimiento.

Durante la Expo Yguazú 2026, realizada del 27 al 30 de agosto en la Plaza de la Amistad, Ichiro Fukui, integrante de la comisión directiva del evento, recordó los primeros años de la colonia y explicó cómo se fue construyendo esta historia, desde la llegada de las primeras familias hasta los desafíos actuales de la producción y la organización comunitaria.

Fukui explicó que Yguazú forma parte de la última etapa de la inmigración japonesa promovida por el Gobierno de Japón hacia el exterior. El proceso se intensificó después de la Segunda Guerra Mundial, cuando Japón quedó devastado y comenzó a impulsar la salida de ciudadanos hacia distintos países en busca de nuevas oportunidades.

“Después de la pérdida de la guerra, prácticamente Japón se quedó sin nada. Entonces, el Gobierno se preocupó y empezó a incentivar la inmigración para que los japoneses pudieran encontrar lugares donde vivir mejor”, relató.

Los acuerdos se establecieron entre gobiernos y contemplaron distintos destinos de Sudamérica, entre ellos Paraguay. Fukui llegó al país en 1967, cuando tenía tres años, junto con sus padres. El traslado hasta la colonia fue un largo recorrido: partieron desde Yokohama en barco, llegaron a Buenos Aires después de 45 días y continuaron en tren, balsa y camiones hasta alcanzar su destino.

“Llegamos a esta colonia y no trajimos nada. Solamente cosas para sobrevivir”, recordó.

Una colonia que comenzó desde cero

Los primeros inmigrantes encontraron una realidad muy diferente a la que habían dejado en Japón. La tierra era fértil, pero las condiciones eran difíciles y los conocimientos que traían no siempre podían aplicarse directamente al nuevo territorio.

Fukui señaló que los primeros años estuvieron marcados por importantes dificultades y que una parte de los inmigrantes terminó regresando. Para quienes permanecieron, el proceso implicó aprender de las condiciones locales y desarrollar nuevas formas de producción.

La agricultura, sin embargo, ya formaba parte de la identidad de aquellas familias. Fukui explicó que muchos provenían de generaciones de agricultores y que esa cultura productiva estaba vinculada con la planificación, el trabajo de la tierra y la capacidad de esperar los resultados de una cosecha. “No es que nosotros vinimos a dedicarnos a la agricultura, sino que nuestros abuelos y tatarabuelos ya eran agricultores allá”, explicó.

En Yguazú, los colonos comenzaron principalmente con la horticultura. A partir de la década de 1980, avanzaron hacia la producción extensiva y empezaron a incorporar maquinarias agrícolas. En aquel momento, recordó Fukui, un tractor de 40 o 50 HP ya representaba un importante salto tecnológico para los productores.

Ese proceso acompañó el crecimiento de la colonia. Según explicó, inicialmente llegaron alrededor de 370 familias y actualmente permanecen unas 220, integradas también por hijos y nietos de aquellos primeros pioneros.

Una identidad que se mantiene

El desarrollo de la colonia no significó dejar atrás la cultura japonesa. Por el contrario, una de las preocupaciones de la comunidad fue conservar sus tradiciones y transmitirlas a las nuevas generaciones, mientras sus integrantes fueron construyendo una identidad paraguaya. “Ya somos paraguayos, pero tenemos adentro que somos descendientes de los japoneses. La cultura queremos mantener, queremos ir traspasando de generación en generación”, afirmó Fukui.

El carnaval japonés constituye uno de los espacios donde esa herencia cultural continúa presente. Para Fukui, estas expresiones permiten mantener vivo el vínculo con los pioneros y, al mismo tiempo, compartir esa tradición con el resto de la sociedad.

La convivencia entre ambas culturas forma parte de la identidad de Yguazú. “Somos de origen japonés, estoy aquí, soy hoy paraguayo”, resumió durante la entrevista.

El desafío de agregar valor

Con el paso de las décadas, la actividad productiva de la colonia también fue cambiando. Para Fukui, uno de los principales desafíos actuales consiste en avanzar desde la producción primaria hacia procesos que permitan incorporar valor agregado. “Solamente producir en la agricultura ya no es sustentable. Entonces, todos esos productos primarios se tienen que elaborar y darles el valor agregado”, sostuvo.

Como ejemplo, explicó una cadena que comienza con la producción de soja, continúa con su transformación en alimento balanceado y puede llegar posteriormente a la producción de carne. De esta manera, el producto atraviesa distintas etapas y adquiere mayor valor a medida que se incorpora procesamiento. “Ese es nuestro objetivo, ese es nuestro rumbo y el norte: vamos a darle cada vez un valor agregado al producto primario”, afirmó.

En ese camino, Fukui destacó que la colonia fue incorporando actividades industriales y que actualmente existe una mayor apuesta por el desarrollo de la zona.

El cooperativismo como parte del desarrollo

La organización colectiva constituye otro de los elementos que Fukui considera fundamentales en la historia de las comunidades japonesas. Según explicó, el cooperativismo forma parte de esa cultura de trabajar y avanzar en grupo. “Defender en grupo, hacer las cosas unidos, ese espíritu del cooperativismo lo tenemos adentro”, señaló.

En ese sentido, diferenció el espíritu de las cooperativas de producción de otras modalidades cooperativas y puso como ejemplo el desarrollo alcanzado por las colonias menonitas del Chaco Central.

A su criterio, la organización colectiva permitió que comunidades que comenzaron en condiciones adversas pudieran desarrollar progresivamente sus actividades y servicios. “Gracias a ese espíritu de cooperativismo, mira, convirtió el Chaco Central en un polo de desarrollo”, expresó.

Para Yguazú, esa combinación entre trabajo productivo, organización comunitaria y preservación cultural forma parte de una trayectoria que continúa después de 65 años. Una historia que comenzó con familias que llegaron a Paraguay en busca de un nuevo horizonte y que hoy se proyecta hacia una etapa en la que el desafío pasa por seguir desarrollando la producción, generar valor y mantener viva la identidad construida por sus pioneros.