El ingeniero agrónomo Alfredo S. Molinas M., ex ministro de Ambiente y ex ministro de Agricultura y Ganadería de Paraguay, sostuvo que la Unión Europea (UE) utilizó durante años el discurso ambiental como una excusa para encubrir una política de proteccionismo comercial frente a los países del MERCOSUR, una estrategia que —afirma— hoy queda al descubierto con la aplicación de nuevas salvaguardas agrícolas.
Molinas, actualmente asesor agroambiental y asesor de la Presidencia de la Universidad San Carlos (USC), recordó que Paraguay produce alimentos para cerca de 80 millones de personas, con apenas el 0,1 % de las emisiones mundiales de CO₂, según datos del RCC, lo que contradice la narrativa que presenta a la región como una amenaza ambiental.
Durante más de una década, el debate en torno al acuerdo UE–MERCOSUR estuvo marcado por cuestionamientos europeos vinculados a la sostenibilidad, la protección del ambiente y los estándares verdes. En ese marco, la expansión productiva del bloque sudamericano fue señalada como un riesgo para el clima, la biodiversidad y los compromisos ambientales europeos.
Sin embargo, Molinas afirmó que los acontecimientos recientes revelan la verdadera preocupación de la UE. “El problema nunca fue ambiental, sino comercial”, señaló, al referirse a las salvaguardas adoptadas recientemente por el bloque europeo, las cuales ya no se fundamentan en deforestación, emisiones, pérdida de biodiversidad ni incumplimientos ambientales.
Según explicó, estas medidas se activan exclusivamente por criterios comerciales clásicos, como el aumento de importaciones, el impacto en los precios y el daño económico a los productores europeos. Para el ex ministro, este giro representa un sinceramiento político: cuando la presión comercial superó la utilidad del discurso ambiental, la UE optó por mecanismos explícitos de protección económica.
Otro punto destacado es el carácter unilateral de estas decisiones. Las salvaguardas no forman parte del texto negociado con el MERCOSUR ni implican una renegociación del acuerdo. Se trata, afirmó Molinas, de regulaciones internas adoptadas para contener tensiones políticas dentro de la propia Unión Europea. “Si el problema hubiera sido realmente ambiental, se habrían planteado reglas conjuntas, mecanismos de verificación compartidos o compromisos bilaterales adicionales, lo cual no ocurrió”, subrayó.
En ese contexto, el ex ministro sostuvo que el trasfondo real del conflicto es la vulnerabilidad política del agro europeo, un sector altamente subsidiado, fragmentado y con fuerte capacidad de presión sobre los gobiernos nacionales. A su criterio, el acuerdo con el MERCOSUR expone una contradicción estructural de la UE: promover el libre comercio hacia el exterior mientras protege sectores sensibles en su mercado interno.
Molinas advirtió que este escenario deja lecciones clave para los países del MERCOSUR y, en particular, para Paraguay. Entre ellas, señaló que la sostenibilidad puede ser instrumentalizada políticamente, que las reglas comerciales pueden reinterpretarse de forma unilateral y que la previsibilidad sigue siendo frágil.
Asimismo, indicó que este antecedente se vincula con otras iniciativas europeas, como el Reglamento 1115 y futuras condicionalidades “verdes”, donde el límite entre regulación ambiental legítima y proteccionismo encubierto continúa siendo difuso.
Ante este panorama, propuso que Paraguay adopte una estrategia más realista basada en la diversificación de mercados, la preparación para cumplir normativas sin sobredimensionar costos y el fortalecimiento de la coordinación institucional entre organismos como el MADES, MAG, INFONA y SENACSA, junto con los gremios productivos.
Finalmente, Molinas concluyó que las salvaguardas recientes confirman que el problema nunca fue la sostenibilidad del MERCOSUR, sino la protección del agro europeo. “La diferencia es que ahora ya no se intenta disimularlo, y eso permite discutir el tema con mayor honestidad”, afirmó.





