César Benítez es un productor piscícola de Itacurubí del Rosario que encontró en la cría de tilapias y pacúes una fuente de ingresos para su familia. Con más de ocho años de experiencia en el rubro, se ha convertido en un referente local y comparte su historia como ejemplo de que la piscicultura puede ser una alternativa viable de producción si se cuenta con capacitación y acompañamiento técnico.
Benítez inició su emprendimiento de manera precaria, construyendo su primer estanque de forma manual. “Empecé con un estanque pequeño hecho a pala. Después ya lo hice con máquina y uno de los estanques con los que cuento fue realizado por la municipalidad, a través del ministerio”, recordó.

El productor se dedica a la cría de peces desde el año 2013 y se capacitó en el Centro Nacional de Producción de Alevines de Eusebio Ayala. Según explicó, la falta de conocimientos técnicos y de inversión sigue siendo una de las principales barreras para que más personas se sumen a esta actividad.
“Hoy para la gente humilde y sin trabajo es difícil sobrevivir, y la situación va a empeorar. Tenemos suficientes nacientes de agua dulce, pero falta conocimiento. La gente no se anima a invertir porque no sabe si va a recuperar ese dinero”, señaló, al tiempo de reclamar mayor presencia del Ministerio con técnicos que capaciten directamente en los campos.
Actualmente, entre 35 y 40 productores se benefician de estos estanques, y el número de socios continúa en aumento. Benítez cuenta con aproximadamente 700 peces por estanque, mientras que el estanque de mayor tamaño puede albergar entre 1.000 y 1.500 tilapias.
Uno de los principales costos de la producción es la alimentación. “La bolsa de balanceado cuesta alrededor de 120 mil y dura unos 15 días, por lo que hay que administrarla muy bien. A corto plazo queda poco margen, pero a largo plazo el rendimiento mejora porque el pescado que no se vende sigue creciendo”, explicó.
Para reducir gastos, el productor también elabora su propio balanceado orgánico. Detalló que utiliza plantas con alto contenido proteico, las cuales se secan a la sombra y luego se procesan, agregando soja, harina y afrecho para lograr un alimento flotante.
Benítez también destacó el potencial de exportación del sector y mencionó a Chile como uno de los países interesados en el pescado producido en el país. Sin embargo, advirtió que la falta de volumen y de capacitación impide avanzar en ese sentido.
“No podemos comprometernos con un mercado si no sabemos cómo alimentar o sanitar el pescado. Para crecer, primero hay que capacitar a la gente desde abajo; ahí es donde muchas veces está el fracaso”, afirmó.
Finalmente, invitó a más personas a incursionar en la piscicultura, asegurando que es posible comenzar con pocos recursos y crecer de manera gradual. “Mi mensaje es que se capaciten y no tengan miedo. Se puede empezar con un solo estanque, ir aprendiendo y mejorar con el tiempo”, concluyó.
La experiencia de César Benítez demuestra que la piscicultura puede convertirse en una alternativa real de producción y sustento para las familias rurales. A partir del trabajo constante, la capacitación y el aprovechamiento de los recursos naturales disponibles, el productor logró crecer desde un pequeño estanque hasta consolidar su emprendimiento. No obstante, remarca que para que el sector avance y acceda a nuevos mercados es fundamental fortalecer la asistencia técnica, la formación de productores y el apoyo institucional, permitiendo que más personas se animen a invertir y desarrollarse en esta actividad.




