El 85 % de los balanceados de Friesland ya se comercializa fuera de la cooperativa

La Cooperativa Friesland Ltda. mantiene entre 13.000 y 15.000 hectáreas destinadas a la soja y profundiza la rotación entre agricultura y ganadería para preservar los suelos arenosos de San Pedro. En paralelo, su fábrica de balanceados, que nació para atender a los socios, amplió su alcance comercial: el 85 % de las ventas ya corresponde a clientes que no son socios.

La soja dejó de ser una alternativa para convertirse en un componente estable del esquema productivo de Maracaná, San Pedro. La Cooperativa Friesland Ltda. encara una nueva campaña con un área que se mantiene entre 13.000 y 15.000 hectáreas, al tiempo que sostiene un sistema de rotación con otros cultivos y ganadería para aprovechar mejor los recursos y cuidar los suelos de la zona. “Hoy en día la soja ya se puso para quedar. La gente ya vio que es una alternativa para mejorar la tierra y también para el sustento de la familia”, señaló Florian Weiss, gerente de Producción de la Cooperativa Friesland Ltda., durante el lanzamiento de la siembra de soja en Maracaná.

Weiss explicó que el área destinada a la oleaginosa aumentó en la presente campaña, aunque la producción continúa dentro de un esquema diversificado. “Seguimos rotando con diferentes cultivos y siempre queda un área firme para la soja”, indicó.

En San Pedro, donde predominan los suelos arenosos, la rotación productiva ocupa un lugar central dentro del manejo de los campos. Friesland trabaja desde hace años con un sistema que alterna agricultura y ganadería, con ciclos de aproximadamente dos a tres años, según explicó el gerente de Producción. “Sabemos que la tierra es arenosa, entonces en una agricultura netamente agrícola tenemos conflictos con la erosión. Por eso hace años estamos trabajando en conjunto con la rotación entre agricultura y ganadería”, sostuvo.

El objetivo es aprovechar las ventajas de ambos sistemas y, al mismo tiempo, conservar la capacidad productiva del suelo. “Siempre hacemos la rotación para sacar el máximo beneficio de ambas producciones y, lógicamente, proteger la tierra para que nuestros hijos puedan seguir produciendo en nuestra querida tierra acá en Paraguay”, expresó. La agricultura y la ganadería continúan siendo los principales rubros de la cooperativa, acompañados por la producción láctea y distintas actividades industriales.

Una fábrica que salió de la órbita de los socios

Mientras la producción agrícola mantiene su ritmo, otro dato revela la evolución del negocio de Friesland: la fábrica de balanceados amplió considerablemente su mercado.

La planta fue creada originalmente para agregar valor a la producción de los socios, pero con el crecimiento de la actividad, la mayor parte de sus ventas comenzó a dirigirse hacia clientes que están fuera de la cooperativa. “Hoy en día, el 85 % de la venta de balanceado ya no es para socios, es afuera. Ya crecimos y ahora la lucha sigue en el mercado fuera de la cooperativa”, destacó Weiss.

La intención es continuar desarrollando ese mercado principalmente en San Pedro y sus alrededores, dentro de la Región Oriental, mientras la cooperativa también analiza oportunidades en la Región Occidental. La estructura industrial se complementa con una fábrica de lácteos que funciona mediante un convenio con la Cooperativa Chortitzer, además de la planta de balanceados y el acopio de granos.

La expansión del área agrícola también modificó el espacio destinado a la ganadería. Actualmente, la actividad se mantiene con una producción de entre 15.000 y 20.000 animales por año a nivel de la colonia y la cooperativa. “El crecimiento en la parte ganadera no es lo que solemos tener; es más bien mantenimiento. Incluso disminuyó un poquito en los últimos años porque la agricultura agarró el área”, explicó Weiss.

Ante esta realidad, el desafío pasa por mejorar los resultados en las superficies disponibles mediante sistemas más eficientes e intensivos. La cooperativa acompaña este proceso con financiamiento, apoyo a la genética y ensayos en campo para identificar las alternativas más adecuadas para los productores. Cuenta además con una cabaña propia, cuya genética está destinada a los socios. “Siempre fue la idea de fomentar una genética buena y una producción eficiente. También hacemos ensayos en campos, siempre probando para ver qué sería lo óptimo para el productor, qué clase de pasto y qué genética se adapta”, señaló.

Por las condiciones climáticas y las características de los campos, la raza cebuina se convirtió en la predominante en los últimos años. A esto se suma un convenio con el frigorífico Neuland, al que se destinan los animales terminados en engorde. En la producción láctea, en tanto, la raza Holando continúa siendo la predominante.

Diversificación que llega al socio

El modelo de Friesland no se limita a la producción primaria. La cooperativa mantiene una amplia oferta de servicios para sus asociados, que incluye ferretería, repuestos, supermercado, hospitales, estaciones de servicio y materiales de construcción. La lógica es acompañar al productor en distintos eslabones de su actividad y también cubrir necesidades de la comunidad cooperativa. “Siempre se le ofrece al socio toda la gama”, resumió Weiss.

Con la soja consolidada como uno de los principales rubros de la zona, una ganadería que busca mayor eficiencia y una industria de balanceados que ya coloca el 85 % de sus ventas fuera de la base de socios, Friesland avanza en la diversificación de sus actividades sin dejar de lado el manejo responsable del suelo. “Tenemos una tierra muy bendita en Paraguay. Es un rubro muy importante que genera mucho sustento para muchas familias. Creo que resta seguir luchando para avanzar en nuestro país”, concluyó Weiss.

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