Desde la producción de alimentos hasta la administración de emprendimientos y el cuidado de los recursos naturales, las mujeres rurales cumplen un papel clave en el desarrollo de Paraguay. Cada 15 de octubre, su día internacional invita a reconocer ese aporte y a mirar de cerca las desigualdades que todavía limitan sus oportunidades.
El trabajo rural no termina cuando se recoge la cosecha. También está en las decisiones que se toman cada día, en la organización de una finca, en la cría de animales, en la elaboración de alimentos y en la búsqueda de mercados para vender lo producido. En muchas comunidades paraguayas, las mujeres forman parte de cada una de esas tareas y, al mismo tiempo, sostienen la vida familiar y comunitaria.
Agricultoras, ganaderas, pescadoras, artesanas y emprendedoras contribuyen a la economía de sus hogares y a la actividad productiva de sus localidades. Sus conocimientos sobre la tierra, las semillas, el agua y los ciclos de producción también forman parte de un patrimonio que se transmite entre generaciones.
Sin embargo, el valor de ese trabajo no siempre se refleja en las oportunidades disponibles para ellas. El acceso al crédito, a la asistencia técnica, a la tecnología y a los mercados continúa siendo un desafío para muchas productoras.
Paraguay: detrás de las cifras, miles de historias
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el Censo Nacional de Población y Viviendas 2022 registró 911.079 mujeres residentes en áreas rurales del país. La cifra permite dimensionar la presencia femenina en territorios donde la agricultura familiar, la ganadería y otras actividades rurales forman parte de la vida cotidiana.

El informe difundido por el INE en octubre de 2025 también señala que las mujeres encabezan el 38 % de los hogares rurales. Entre las mujeres rurales de 15 años y más, el 33,7 % integra la fuerza de trabajo, es decir, trabaja o busca empleo activamente.
Su participación laboral no se limita a las tareas agropecuarias. Según el mismo informe, el 33,3 % de las mujeres rurales ocupadas se desempeña en servicios y ventas; el 24,4 %, en ocupaciones elementales; y el 15,6 %, en agricultura, ganadería, silvicultura y pesca.
Estos datos muestran una realidad diversa: las mujeres rurales participan tanto en actividades directamente vinculadas con la producción como en otras que sostienen el comercio y las economías locales.
En Paraguay, la Ley N.º 5446/2015, de Políticas Públicas para Mujeres Rurales, establece un marco para promover sus derechos económicos, sociales, políticos y culturales, así como su acceso a servicios productivos, financieros, educativos y de salud.
En el Día Internacional de las Mujeres Rurales, el reconocimiento debe ir más allá de una fecha en el calendario. Supone valorar su aporte a la producción y al sostenimiento de las comunidades, pero también generar condiciones para que puedan decidir, invertir y crecer con mayores oportunidades.
Porque el futuro del campo paraguayo no depende únicamente de lo que produce la tierra. También depende de las oportunidades que tienen quienes la trabajan.




