Pequeños productores apuestan a la diversificación y valor agregado

En entrevista realizada por Poder Acuícola, aprendimos más sobre todo el trabajo que realiza el productor y feriante Juan Ruíz Díaz de la colonia Fulgencio Yegros de Caraguatay, kilómetro 88 y medio, departamento de Cordillera.

Díaz explicó que, a través de la realización de ferias, los pequeños productores logran mayor visibilidad y una mejor organización en la producción de sus cultivos. Además, estas actividades impulsan la diversificación de productos y los motivan a mejorar continuamente sus prácticas productivas.

“Desde hace cinco años hay un buen crecimiento. Con el paso del tiempo fuimos viendo qué nos conviene más y comenzamos a hacer las cosas de la mejor manera. Por ejemplo, distribuimos mejor el campo y mejoramos la producción de tomate cherry”, explicó.

Comentó que el tomate cherry está teniendo muy buenos resultados y que actualmente producen variedades de distintos colores: amarillo, rojo, naranja y morado, las cuales ya están siendo introducidas en el mercado. “El consumidor también va diversificando los productos que consume”, destacó.

Legado familiar

El nombre de su local, Don Manucho, es un homenaje a su abuelo, quien también fue productor, al igual que su bisabuelo y su padre.

Anteriormente, la familia se dedicaba principalmente a la producción de algodón, mandioca y poroto. Con el tiempo fueron migrando hacia la horticultura, incorporando cultivos como tomate y locote. Sin embargo, fueron los nietos quienes introdujeron nuevos rubros, marcando un cambio de mentalidad y apostando a la diversificación.

Producción y comercialización de pescado

Aunque al inicio la producción de pescado era solo para autoconsumo, con el paso del tiempo comenzaron a enfocarse en la comercialización. Actualmente producen especies como pacú, tare’yi, boga y carimbata. Desde el año pasado, además, implementaron la cría del salmón del Paraná, una especie nueva traída desde Taiwán a través del Ministerio correspondiente.

Cuentan con siete estanques, donde las especies se dividen por alevines. Cada seis u ocho meses realizan la clasificación, separando los peces aptos para la venta de los más pequeños, de manera a tener las piletas listas para la pesca durante el verano.

“En cantidad no hay un número fijo, porque depende del metro cuadrado y de la variedad. Por ejemplo, la tilapia se recomienda cuatro por metro cuadrado, mientras que el pacú uno o dos. Entonces, según el tamaño de la pileta, vamos viendo qué especie va en cada una”, explicó.

Para la alimentación de los peces, además del balanceado, aprovechan los productos de temporada como guayaba y mango. “Eso hacemos para no depender tanto del balanceado y bajar un poco el costo de producción”, señaló.

En cuanto a la comercialización, indicó que es una de las partes más importantes para el productor. En noviembre del año pasado habilitaron en el local un menú a base de pescado, ofreciendo platos como pirá chyryry, chupín y milanesa de pescado. Realizaron cuatro actividades entre noviembre y diciembre, con muy buenos resultados.

Producción porcina

Díaz también comentó que producen cerdo para la venta en las ferias. Decidieron incorporar este rubro debido a la gran producción hortícola que manejan durante el año, con aproximadamente 25 variedades de productos según la época.

“Siempre se nos pierde un poco de tomate, locote, repollo o brócoli, y a partir de eso pensamos en criar cerdos y aprovechar esos productos como alimento”, explicó.

Apoyo, capacitación y desafíos

Indicó que la cooperativa viene recibiendo apoyo desde hace cinco años, principalmente a través de un proyecto impulsado por KOICA. Se trata del proyecto de Agricultura Sostenible y Desarrollo Rural Saemaul Undong (SMU), que brinda asistencia crediticia a pequeños productores mediante la cooperativa.

Actualmente, señaló que se logra calidad y cantidad en la producción, pero que el gran desafío sigue siendo la continuidad, especialmente en verano. “Por ejemplo, esperamos producir cinco kilos de tomate por planta, pero al final solo sale uno. Eso afecta el precio y genera más gastos que ganancias”, explicó.

Finalmente, destacó la importancia de la capacitación constante. “Todos los años seguimos capacitándonos y mejorando, porque la piscicultura va cambiando. Hay nuevas técnicas y conocimientos, como el manejo del agua, el volumen y el cuidado de los peces. Para quienes quieran dedicarse a la piscicultura, es fundamental actualizarse constantemente”, concluyó.

El caso de Juan Ruiz Díaz evidencia el impacto positivo de la organización, la diversificación productiva y el acompañamiento técnico en el fortalecimiento de la agricultura familiar. Las ferias, la piscicultura, la horticultura y la producción porcina se consolidan como herramientas clave para mejorar la comercialización, optimizar recursos y generar ingresos sostenibles. No obstante, desafíos como la estacionalidad y la continuidad productiva siguen siendo aspectos a trabajar, donde la capacitación permanente y el apoyo de proyectos como el de KOICA resultan fundamentales para el crecimiento del sector agropecuario a pequeña escala.

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