Una finca, varios rubros y un mismo objetivo: crecer

En el kilómetro 153 de la ruta PY08, entre Nueva Esperanza, en el departamento de Canindeyú, la historia de Wilfrido Kunzler es la prueba viva de que el campo paraguayo sigue latiendo con fuerza propia. Propietario de “Pesque y Pague Kunzler”, este productor diversificó su finca familiar hasta convertirla en un emprendimiento integral donde todo lo que se produce, se vende en el mismo lugar.

“Lo que se produce acá, se vende acá. Nada viene de afuera”, afirma con convicción.

En sus 24 hectáreas —adquiridas de a poco, comenzando con pequeñas parcelas hasta consolidar la propiedad actual— la familia trabaja unida. Son cuatro integrantes activos en la finca, mientras sus hijos, ya formados o en proceso de formación universitaria, crecieron aprendiendo el valor del esfuerzo rural.

De la chacra a la piscicultura: siete años apostando al pescado

Hace dos décadas que Wilfrido trabaja la chacra. Pero hace siete años decidió incursionar en la piscicultura, casi por necesidad, aprovechando un terreno arcilloso que anteriormente era un esteral. Comenzó con una sola pileta; hoy cuenta con cinco estanques de mil metros cuadrados cada uno.

Produce tilapia, pacú y carpa, con planes de incorporar surubí. En promedio, obtiene entre 4.000 y 5.000 kilos por pileta, alcanzando cerca de 20.000 kilos anuales de tilapia. La producción le permite abastecer la demanda local e incluso comprar pescado a vecinos cuando su stock no alcanza.

Sin embargo, el camino no fue sencillo. La inversión inicial por estanque rondó los 12.000 dólares en movimiento de suelo, más unos 1.500 dólares en trámites ambientales y permisos gestionados ante el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADES). El proceso demoró un año.

“Cumplí con todo, pero creo que para el pequeño productor debería ser más accesible”, reflexiona.

También aprendió a fuerza de experiencia. En su primera producción perdió miles de peces por no contar con aireadores, equipos fundamentales que hoy cuestan alrededor de 1.200 dólares cada uno. Tras buscar asesoramiento incluso en Brasil, logró estabilizar el sistema y consolidar el negocio.

Diversificación como estrategia de supervivencia

La finca no depende de un solo rubro. Además de la piscicultura, produce leche, queso, cerdos, gallinas y huevos. El queso —entre 30 y 40 kilos diarios— ya tiene mercado asegurado. Los huevos se comercializan en supermercados locales y la carne de cerdo se vende faenada o en pie, directamente al consumidor.

Los cerdos son alimentados con maíz y suero de queso, sin balanceados industriales, y criados bajo un principio innegociable: cero maltrato animal. Incluso, comenta entre risas, escuchan música durante el día.

El establecimiento abre desde las cinco de la mañana. A esa hora comienza el ordeñe; luego sigue la atención a los estanques, la elaboración de queso y la dinámica constante de clientes que llegan a pescar o comprar productos frescos. No hay horario fijo de cierre.

En Semana Santa, por ejemplo, puede vender entre 2.000 y 2.500 kilos de pescado en apenas cinco días.

Sin créditos, pero con planificación

Kunzler no trabaja con créditos ni pertenece a cooperativas. En sus inicios participó de reuniones donde se ofrecían pequeños montos de financiamiento que, según explica, resultaban insuficientes para cubrir los costos reales del sector.

“Si uno no calcula bien lo que necesita en balanceado, en insumos y en producción mensual, no funciona. Hay que saber registrar, saber comprar y saber vender”, sostiene.

La planificación es clave. Produce su propio balanceado para vacas y cerdos, aunque el alimento para peces lo adquiere ya elaborado debido a las exigencias técnicas de flotabilidad.

Producción sustentable y arraigo

Hijo de inmigrantes alemanes provenientes de Brasil, Wilfrido destaca que todo lo conseguido fue fruto del trabajo progresivo. Compró incluso parte de las tierras que pertenecían a su padre y fue ampliando la propiedad hasta alcanzar la superficie actual.

“No hay secreto. Hay que levantarse temprano, persistir y no rendirse en la primera pérdida”, resume.

La finca también cuenta con frutales —limón, naranja, banana e incluso manzana en etapa experimental— y producción hortícola para autoconsumo. La agricultura extensiva se desarrolla en parcelas alquiladas, donde se cultivan soja y maíz.

Hoy, “Pesque y Pague Kunzler” es más que un emprendimiento productivo: es un ejemplo de agregado de valor en origen, comercialización directa y diversificación inteligente.

En una zona donde apenas una decena de productores se dedica a la piscicultura, Wilfrido comparte información, presta equipos cuando es necesario y está dispuesto a asesorar a quienes deseen iniciarse.

Desde su experiencia, el mensaje es claro: Paraguay ofrece oportunidades, pero el pequeño productor necesita más acompañamiento técnico y mejores condiciones de incentivo.

Mientras tanto, en el kilómetro 153 de la PY08, la rutina comienza cada día antes del amanecer. Entre estanques, ordeñe y clientes que llegan hasta la finca, la historia de Wilfrido Kunzler demuestra que, cuando hay organización, esfuerzo familiar y visión de negocio, el campo no solo produce alimentos: produce calidad de vida.

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