Héctor Cristaldo: “El Niño tiene sus desafíos, pero es más manejable que La Niña”

El presidente de la Unión de Gremios de la Producción (UGP), Héctor Cristaldo, destacó la importancia de la coordinación entre el Gobierno y el sector productivo ante el escenario climático marcado por el fenómeno de El Niño. Advirtió sobre los posibles efectos del exceso de lluvias en cultivos, caminos, puentes y establecimientos ganaderos, aunque sostuvo que, para el campo, el escenario es más manejable que el registrado durante La Niña.

La llegada de El Niño puso al clima nuevamente en el centro de la agenda productiva. En este contexto, el presidente de la República, Santiago Peña, encabezó una reunión de trabajo en Mburuvicha Róga, acompañado por el ministro del Interior, Enrique Riera Escudero, ministros del Poder Ejecutivo, titulares de entes del Estado y autoridades locales, con el objetivo de coordinar acciones preventivas y fortalecer la capacidad de respuesta ante eventuales situaciones derivadas del fenómeno climático.

Del encuentro también participó Héctor Cristaldo, presidente de la Unión de Gremios de la Producción (UGP), quien valoró la reunión del Consejo Asesor Agrario y la participación del mandatario. “Es importante la reunión del Consejo Asesor Agrario, con la participación del presidente de la República. Valoramos eso porque significa también la reactivación del Consejo Asesor Agrario y su tarea”, señaló.

Cristaldo explicó que el fenómeno de El Niño ya se está haciendo sentir y puso como ejemplo el comportamiento de las precipitaciones registradas durante julio, un mes que habitualmente presenta condiciones más secas. “El Niño ya está acá. Estas lluvias de julio no son habituales; julio suele ser más seco y estos niveles de lluvia no son normales”, afirmó.

El campo enfrenta distintos niveles de riesgo

El titular de la UGP señaló que el impacto del fenómeno no será igual para todas las actividades productivas y que existen diferentes niveles de preocupación dependiendo de la zona y del tipo de producción. Uno de los sectores que identificó con mayor exposición es el arrocero, debido a que gran parte de la actividad se desarrolla en campos bajos y susceptibles al anegamiento.

En el caso de la agricultura desarrollada en campos altos, el riesgo de inundación es menor, pero el exceso de humedad puede convertirse en un obstáculo para las labores agrícolas. “El lado del exceso de humedad del suelo puede interferir en las labores de cuidado de los cultivos. Cuando tenés que sanitizar unas plantas y entrar con una máquina y no podés, eso puede complicar”, sostuvo.

A esto se suma otro momento crítico: la cosecha. Según Cristaldo, una sucesión de días lluviosos puede dificultar el ingreso de maquinaria y afectar las tareas necesarias para levantar la producción. “En el momento de la cosecha, que haya muchos días de lluvia también puede interferir en el trabajo”, agregó.

“El Niño es un mejor escenario que La Niña”

Pese a las dificultades que puede generar el exceso de precipitaciones, Cristaldo marcó una diferencia importante respecto de los efectos de La Niña sobre la producción agrícola. “En general, El Niño es un mejor escenario que La Niña para el campo, porque con El Niño va a haber producción y con La Niña, con la sequía, no hay producción”, afirmó.

En ese sentido, recordó el impacto de la sequía de 2022, cuando los bajos rendimientos hicieron que los resultados productivos fueran insuficientes para cubrir los costos. “En 2022 tuvimos 1.000 kilos por hectárea y no alcanzaba para nada, ni para cubrir los costos. Entonces, El Niño tiene sus desafíos, pero es más manejable que La Niña”, sostuvo.

Para el dirigente gremial, el impacto económico de El Niño dependerá finalmente de la intensidad que alcance el fenómeno, aunque, hasta el momento, considera que la situación se mantiene dentro de parámetros manejables. “Su impacto en la producción y en la economía del campo es más acotado. El impacto económico lo veremos de acuerdo con la intensidad del fenómeno. Hasta ahora está siendo manejable”, indicó.

Caminos y puentes, otra preocupación para el sector

Más allá de los cultivos, el exceso de lluvias también genera preocupación por las condiciones de la infraestructura, particularmente de los caminos y puentes utilizados para trasladar la producción.

Cristaldo explicó que las dificultades de transitabilidad pueden convertirse en un problema para toda la cadena productiva, especialmente cuando llega el momento de sacar las mercaderías de los establecimientos para su comercialización.  El problema adquiere una dimensión aún mayor en actividades que trabajan con productos perecederos y que requieren una rápida salida hacia los mercados. “Sobre todo para los fruticultores que tienen productos perecederos, es una gran complicación”, remarcó.

En la actividad ganadera, el dirigente señaló que la preocupación se concentra principalmente en los establecimientos ubicados en campos bajos y zonas ribereñas. Una eventual suba significativa del nivel de las aguas puede generar dificultades para los animales, especialmente cuando no disponen de espacios altos y secos. “Eso complica, causa estrés en los animales y no tienen un lugar alto y seco donde puedan dormir”, señaló Cristaldo.

La prevención comienza en cada establecimiento

Ante este escenario, el presidente de la UGP sostuvo que la primera línea de prevención debe estar en manos del propio productor, quien tiene la posibilidad de adaptar el manejo de sus cultivos y su rutina de trabajo a las condiciones previstas. “El productor tiene que tomar las previsiones en su campo, estar preparado para un año lluvioso y manejarse en función de eso”, afirmó.

Enfatizó, además, que existe una diferencia fundamental entre aquello que el productor puede gestionar y lo que queda fuera de su alcance. “El productor, al final, maneja su cultivo; no puede manejar el clima, pero sí puede manejar su cultivo y su rutina de trabajo. Ese es el primer frente en la cancha”, expresó.

Coordinación ante situaciones extremas

Cristaldo señaló que, además de las medidas que pueda adoptar cada productor, existe un segundo nivel de respuesta relacionado con los eventos climáticos extremos, en el que adquiere relevancia el trabajo de las instituciones encargadas de la atención de emergencias.

“Después vienen los eventos extremos, donde sí Emergencia Nacional tiene que ocuparse”, indicó. En este punto, puso como ejemplo las localidades que eventualmente pueden quedar aisladas debido a las condiciones climáticas y que requieren una respuesta logística para garantizar el abastecimiento.

“Hay localidades que quedan aisladas y, desde la logística de los alimentos y las provisiones que hay que llevar, hay que hacer que lleguen”, explicó. De esta manera, el sector productivo considera que la preparación frente a El Niño debe darse en distintos frentes: desde la planificación y adaptación de los productores en sus establecimientos hasta la coordinación institucional para responder ante situaciones que superen la capacidad de prevención en el campo.

Para Cristaldo, el desafío está en anticiparse a los efectos del fenómeno y administrar sus impactos, teniendo en cuenta que, aunque El Niño puede generar anegamientos, dificultades productivas y problemas de conectividad, el escenario continúa siendo más manejable para el sector que el de una sequía severa como la experimentada durante La Niña.

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