Noventa años después de su llegada, la comunidad japonesa sigue transformando trabajo en producción, generación deempleo y desarrollo en nuevas oportunidades para Paraguay.
Para Shoichi Takahashi, directivo de la Cámara Japonesa de Comercio e Industria en el Paraguay, presidente de la Cámara Paraguaya de Exportadores de Chía (CAPACHÍA) y presidente de Hypergrain, uno de los principales aportes de los inmigrantes japoneses fue desarrollar, desde sus inicios, una forma de trabajo basada en la cooperación, la organización y una visión de largo plazo: “El sistema cooperativo impulsado por las colonias japonesas se convirtió en una referencia dentro del Paraguay y, hasta el día de hoy, demuestra que el trabajo conjunto, ordenado y responsable puede generar desarrollo económico sostenible”.

La agricultura fue uno de los principales puntos de partida. Pero, según explica Takahashi, el aporte fue mucho más allá de la producción: “A partir de la agricultura, nuestros antecesores no solamente generaron producción, sino que ayudaron a desarrollar las comunidades donde se establecieron, creando empleo, incorporando tecnología y contribuyendo posteriormente a las exportaciones y a la balanza comercial del país”.
Una producción que mueve a toda una comunidad
En la actividad empresarial de Takahashi, actualmente existen aproximadamente 4.500 hectáreas vinculadas a productores japoneses y nikkei. El principal cultivo es la chía, acompañado en menor escala por el sésamo. El empresario aclara que esa cifra no representa a toda la comunidad japonesa y nikkei del Paraguay, cuya participación histórica se extendió a distintos rubros agrícolas.
El impacto económico de la comunidad no debe observarse únicamente desde los niveles de producción o exportación. También debe considerarse la actividad que se genera alrededor de cada emprendimiento. “La comunidad japonesa y nikkei es relativamente pequeña en número dentro de la población paraguaya, pero considero que su impacto económico y social es muy significativo”, manifiesta.
A esto se suma el movimiento que generan otras actividades relacionadas con la producción. “Cuando una actividad productiva se desarrolla de manera sostenible en una determinada región, no solamente genera empleo directo; también moviliza transporte, servicios, comercios, proveedores y otras actividades relacionadas”, explica.
Sostiene que este efecto contribuye además a generar oportunidades en las propias comunidades y a fijar mano de obra en el interior del país. “Esto contribuye a fijar mano de obra y crear oportunidades en las propias comunidades, reduciendo la necesidad de migración hacia las grandes ciudades”.
Las nuevas generaciones de descendientes de japoneses tienen ahora la tarea de tomar la base construida por sus antecesores y llevarla hacia una nueva etapa. El camino, según explica, pasa por incorporar tecnología, industrialización, gestión profesional, certificaciones, innovación y acceso a mercados internacionales, además de diversificar los emprendimientos hacia otros sectores de la economía.“Heredamos valores como la responsabilidad, la disciplina, la perseverancia y, sobre todo, el compromiso con la palabra dada. Esos valores generan confianza, y la confianza es un activo fundamental para cualquier actividad empresarial”, destaca.
De cara a los próximos años, Takahashi identifica una oportunidad concreta en avanzar hacia una mayor industrialización de la producción paraguaya. Destaca que, además del respeto y la perseverancia, se ha logrado una integración de ambas culturas, generando una sinergia positiva, sin anular ninguna de ellas ni imponer una sobre la otra. “En el corto y mediano plazo, considero que una de las mayores oportunidades está en avanzar hacia una industrialización de segundo y tercer nivel, agregando mayor valor a lo que Paraguay ya produce de manera competitiva”, sostuvo.
Takahashi observa una complementariedad entre las fortalezas de ambos países: Japón cuenta con experiencia en tecnología, automatización, eficiencia industrial y sistemas de calidad, mientras que Paraguay posee recursos naturales, capacidad productiva, energía y un importante potencial de crecimiento. “Lograr una mayor integración de esas fortalezas puede generar nuevas industrias, empleos de mayor calificación y productos paraguayos con mayor valor agregado”, sostiene.
Para el presidente de la Cámara Paraguaya de la Chía y de Hypergrain, ese es uno de los grandes desafíos de la generación actual: continuar con el camino iniciado por los primeros inmigrantes, pero proyectándolo hacia una producción paraguaya con más transformación y alcance internacional. “No solamente continuar produciendo, sino ayudar a transformar, industrializar e internacionalizar la producción paraguaya, acercando cada vez más a Paraguay y Japón”, concluye.
Celebraciones. Este año se cumplen 90 años de la inmigración japonesa al Paraguay, en lo que va del 2026, ya se realizaron diversas actividades de conmemoración, entre ellas el lanzamiento oficial de las celebraciones, la inauguración del Museo de la Inmigración Japonesa, Palmear Japón, el Simposio Nikkei y el Kimono Show 2026. La agenda continuará con la Ceremonia Conmemorativa del 90.º Aniversario el 21 de agosto; la Exposición de Arte Nikkei, del 11 al 13 de septiembre; y el Nihon Matsuri, previsto para el 24 de octubre, además de otras actividades culturales y deportivas.




