Rattan Lal plantea una nueva revolución agrícola basada en la ciencia y la salud de los suelos

El Premio Mundial de Alimentación y director del Lal Center for Carbon Management and Sequestration de la Universidad Estatal de Ohio sostiene que la FAO debe acercar el conocimiento científico al productor y promover una agricultura capaz de aumentar la producción, preservar los recursos naturales y generar prosperidad.

La humanidad enfrenta una nueva etapa para la agricultura. Si bien nunca ha contado con tanto conocimiento científico y tecnológico para producir alimentos, también resulta cada vez más evidente la necesidad de transformar la manera en que estos se producen.

Así lo plantea Rattan Lal, director del Lal Center for Carbon Management and Sequestration de la Universidad Estatal de Ohio y Premio Mundial de Alimentación, quien considera que este proceso debería ocupar un lugar central en la próxima etapa de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Lal reconoce a la Revolución Verde como uno de los grandes éxitos del siglo XX. El incremento de los rendimientos agrícolas permitió alimentar a miles de millones de personas y evitar hambrunas que durante años fueron consideradas inevitables. Sin embargo, señala que la intensificación de la agricultura también estuvo acompañada por la degradación de los suelos, un uso creciente de agua e insumos y otros impactos ambientales.

Frente a este escenario, sostiene que el desafío del siglo XXI es producir más con menos: más alimentos con menos tierra, mayor productividad mediante un uso más eficiente del agua y mayor prosperidad para los agricultores, pero también más carbono almacenado en los suelos, mayor biodiversidad y ecosistemas más saludables.

América Latina y el aporte de la ciencia

Para Lal, América Latina y el Caribe tienen un papel relevante en esta transformación, debido a su importancia para la seguridad alimentaria mundial y a las experiencias de innovación agrícola desarrolladas en la región.

Menciona los avances registrados en Argentina, Brasil y otros países, donde se han incorporado la ciencia y la tecnología, la agricultura de precisión, la siembra directa, el mejoramiento genético y nuevas prácticas para el manejo de los recursos naturales.

Entre estas experiencias destaca el Cerrado brasileño. Según Lal, la investigación científica y décadas de innovación permitieron transformar una región considerada de limitado potencial agrícola en uno de los grandes centros de producción de alimentos del planeta.

Para el especialista, la principal enseñanza de esta experiencia no consiste en trasladar mecánicamente ese modelo a otras regiones, sino en demostrar que la ciencia puede transformar determinadas restricciones naturales en oportunidades para el desarrollo.

En este sentido, sostiene que África necesita desarrollar su propia revolución agrícola. No existe, a su criterio, una receta universal, pero sí un principio que puede aplicarse a distintos contextos: la ciencia debe orientar las decisiones.

La salud del suelo como base de la seguridad alimentaria

Lal ha dedicado gran parte de su trayectoria científica a estudiar la relación entre la salud del suelo y la salud de las plantas, los animales, las personas, los ecosistemas y el planeta.

Desde esta perspectiva, sostiene que no puede existir una seguridad alimentaria duradera con suelos degradados. Por ello, considera especialmente relevante la experiencia de “Suelos Vivos de las Américas”, una iniciativa desarrollada junto con el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) durante la gestión de Manuel Otero.

La iniciativa reunió a científicos, gobiernos, agricultores, empresas y organizaciones de la sociedad civil alrededor de una premisa: aumentar la producción y proteger el medio ambiente no son objetivos contradictorios.

Según Lal, los suelos saludables pueden almacenar carbono, conservar agua, fortalecer la biodiversidad y mejorar la resiliencia, al mismo tiempo que sostienen la productividad agrícola.

La experiencia adquirida en las Américas comenzó posteriormente a proyectarse hacia África. En ese proceso, las innovaciones desarrolladas durante décadas en regiones como el Cerrado de Brasil pueden aportar conocimientos para las sabanas africanas.

Para Lal, este intercambio representa el sentido que debería tener la cooperación internacional moderna: no imponer modelos, sino compartir conocimientos y construir soluciones adaptadas a las necesidades de cada región.

Una FAO más cerca de los agricultores

Lal considera que la FAO posee una combinación de conocimiento, presencia internacional y capacidad de convocatoria. Sin embargo, sostiene que las instituciones internacionales justifican plenamente su existencia cuando ese capital se transforma en beneficios concretos para sus países miembros y para las personas a las que deben servir.

En el ámbito agrícola, esto implica, según el especialista, llegar hasta el productor.

Por ello, plantea que la FAO del futuro debe estar más cerca de los agricultores, científicos, empresas, universidades y responsables de la toma de decisiones. También considera necesario identificar soluciones que funcionan, conectarlas con quienes las necesitan y contribuir a su adaptación y expansión.

“Necesitamos menos distancia entre el conocimiento y el campo”, plantea Lal al referirse a esta transformación.

La experiencia con Manuel Otero

En su análisis, Lal también se refiere a los años de colaboración que mantuvo con el IICA y a su experiencia de trabajo con Manuel Otero.

Según relata, Otero promovió alianzas entre científicos, productores, gobiernos y sector privado, además de defender una cooperación internacional orientada hacia resultados concretos.

Lal señala que esa experiencia conjunta mostró que una organización internacional puede actuar como puente entre la ciencia y las políticas públicas y facilitar el intercambio de conocimiento entre distintas regiones.

En este contexto, considera que la experiencia adquiere particular relevancia frente a los desafíos que enfrenta actualmente la FAO.

El especialista plantea que la organización necesita profundizar su vínculo con los países miembros, colocar a los agricultores en el centro de sus acciones, fortalecer las alianzas con la ciencia y el sector privado y conectar de manera más eficaz las experiencias exitosas.

En relación con Manuel Otero, Lal sostiene que su trayectoria ofrece una perspectiva concreta sobre cómo abordar esa transformación y afirma que su posible candidatura a Director General de la FAO “habilitaría un completo paquete de soluciones” para los desafíos que enfrenta la organización.

El desafío de una nueva revolución agrícola

Para Lal, sin embargo, el desafío trasciende a cualquier persona y plantea una discusión más amplia sobre el tipo de FAO que necesita el mundo.

Su propuesta apunta a una organización capaz de liderar una nueva revolución agrícola basada en la ciencia, que permita producir más con menos, restaurar los suelos en lugar de degradarlos y generar prosperidad.

El conocimiento científico y las experiencias productivas, sostiene, ya existen. El desafío consiste en transformar ese conocimiento en acciones concretas y lograr que llegue al campo.

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