La piscicultura paraguaya encuentra en la academia un aliado estratégico para su crecimiento sostenible. Desde el departamento de Pesca y Acuicultura de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional de Asunción, el Dr. Rodrigo Romero lidera un equipo que combina investigación, capacitación y transferencia de tecnología para transformar la producción de peces en una actividad cada vez más eficiente y rentable.
La historia de Romero está marcada por una vocación temprana. “Desde niño estuve ligado a los animales, acompañando a mi padre en sus clases en granjas. Esa experiencia fue forjando mi interés por esta profesión”, recuerda. Si bien su formación comenzó enfocada en animales terrestres, fue en la etapa final de la carrera cuando descubrió el potencial de los sistemas acuáticos. “Era un campo poco desarrollado, con muchas oportunidades. Me llamó la atención y decidí profundizar”, explica.
Ese interés lo llevó a realizar un extenso trabajo de investigación en parasitología de peces, que incluyó casi dos años de trabajo de campo, colecta de muestras y participación en estudios científicos. “Ahí confirmé que esta era mi vocación”, afirma. Con el tiempo, fue creciendo dentro del departamento, pasando por distintas áreas hasta asumir la jefatura, respaldado por un equipo de profesionales y autoridades que, según destaca, “brindan el apoyo necesario para alcanzar los objetivos”.
Hoy, el departamento se posiciona como un centro de referencia para el sector acuícola. Sus líneas de trabajo abarcan tanto especies nativas como exóticas, incluyendo la reproducción de peces y el desarrollo de tecnologías para camarones. Entre las especies más trabajadas se encuentran la tilapia y la carpa, sin dejar de lado el impulso a especies locales de alto valor.
Uno de los pilares fundamentales es el acompañamiento técnico a productores. Solo el año pasado, unas 850 personas visitaron la institución en busca de asesoramiento, capacitación o apoyo para sus proyectos. “Recibimos a productores, emprendedores y público en general. Muchos vienen con ideas concretas y aquí encuentran orientación técnica para hacerlas viables”, señala Romero.
La capacitación también ocupa un lugar central. Con un promedio de seis cursos anuales, el departamento ha evolucionado desde contenidos básicos hacia propuestas más especializadas. “Hoy los productores ya manejan aspectos generales, pero demandan conocimientos más específicos, como nutrición, formulación de balanceados o reproducción en laboratorio de especies como el pacú”, detalla.
En respuesta a esta demanda, se han incorporado modalidades virtuales, ampliando el alcance a nivel nacional y facilitando el acceso al conocimiento. Esta estrategia ha tenido una respuesta positiva, evidenciando el interés creciente por profesionalizar el sector.
Desde el enfoque productivo, Romero subraya que la acuicultura es un negocio con alto potencial de rentabilidad, siempre que se apliquen correctamente los principios técnicos. “La densidad de siembra, la alimentación, el manejo del agua y la planificación del crecimiento son claves para lograr buenos resultados”, explica.
A esto se suma la importancia de la innovación. La incorporación de tecnologías como sistemas de recirculación de agua, mejoras genéticas y equipamientos especializados permite optimizar la producción y aumentar la eficiencia. “La actualización constante es fundamental. El productor que invierte en tecnología tiene mayores posibilidades de crecer”, sostiene.
El crecimiento del sector en Paraguay también se refleja en la consolidación de asociaciones y federaciones de piscicultores, que fortalecen la articulación y el desarrollo de la actividad. En este contexto, el rol de la academia resulta clave para generar conocimiento, acompañar procesos y fomentar buenas prácticas.
“El objetivo es claro: brindar al productor todas las herramientas necesarias para que su emprendimiento sea sostenible y rentable”, concluye Romero. Con un equipo técnico especializado y una política de puertas abiertas, el departamento de Pesca y Acuicultura se consolida como un motor de desarrollo para una actividad que gana protagonismo en la matriz productiva del país.




