Carlos Pereira: “La libertad financiera empieza por aprender a ahorrar y a manejar el dinero”

El exministro y referente del ámbito financiero sostuvo que la educación económica debe comenzar desde la infancia y que los padres tienen un papel fundamental para enseñar a sus hijos el valor del dinero, el ahorro y el consumo responsable.

Hablar de dinero en casa, enseñar a ahorrar desde pequeños y aprender a diferenciar entre una necesidad y una compra impulsiva son, para el Dr. Carlos Pereira, algunos de los primeros pasos para construir una verdadera libertad financiera. El contador, abogado y especialista en finanzas sostuvo que la educación económica no puede quedar exclusivamente en manos del sistema educativo, sino que debe comenzar en el hogar.

En una entrevista con El Informante, con la conducción de Daniel Ríos, Pereira explicó que actualmente trabaja con padres de distintos colegios y escuelas con el objetivo de instalar una conversación que muchas familias todavía consideran incómoda: hablar de dinero con los hijos. “Es importante que desde niño se empiece a entender cómo funciona el dinero y el sacrificio del papá y de la mamá en la casa”, señaló.

Para el especialista, uno de los principales desafíos consiste en abandonar la cultura de esperar permanentemente una solución externa. En ese sentido, consideró que las personas deben comenzar a construir su futuro desde temprana edad, independientemente de que trabajen en relación de dependencia o desarrollen una actividad por cuenta propia. “La libertad financiera es precisamente lograr que uno pueda descubrir su talento, su capacidad y en qué es bueno para realizar esa actividad”, afirmó.

Ahorrar primero y gastar después

Pereira insistió en que el ahorro debe convertirse en un hábito y no en algo que se hace únicamente cuando sobra dinero. Su recomendación es sencilla: separar una parte del ingreso apenas se cobra.  Frente a esa lógica, propone invertir la ecuación: primero pagarse a uno mismo y después organizar los gastos con el dinero restante. “Al cobrar, pagate ya vos mismo el 10 % y, sobre lo que queda, enfrentá ordenadamente los gastos”, sostuvo.

Para ello, considera fundamental llevar un registro de los ingresos y egresos, ya sea en un cuaderno, una lista o una planilla. El objetivo es identificar en qué se está utilizando el dinero y evitar que pequeños gastos cotidianos terminen comprometiendo una parte importante del ingreso.

Uno de los ejemplos utilizados por Pereira apunta precisamente a esos consumos que parecen insignificantes, pero que acumulados pueden representar una suma considerable. “Este es 5.000 nomás, este es 10.000 nomás, este es 3.000. Pero vos sumás en el día y tenés 40.000 o 50.000 que pudiste haber guardado”, ejemplificó.

Según explicó, si una persona logra evitar determinados gastos superfluos y guardar ese dinero, el resultado puede ser significativo al cabo de varios meses. El problema, sostuvo, es que muchas veces el aumento de los ingresos también viene acompañado de un aumento de los gastos. “Mucha gente no se da cuenta hasta que empieza a ver que cada vez más necesita y, en la medida en que pueda ir ganando más, ese ganar más también va acompañado de gastar más”, manifestó.

Por ello, consideró que la libertad financiera no depende únicamente de cuánto gana una persona, sino de cómo administra lo que recibe. “Vos sos libre en el manejo del dinero”, resumió.

El consumo impulsivo y la necesidad de aparentar

Pereira también cuestionó la facilidad con la que las personas pueden caer en compras impulsivas, especialmente ante promociones, descuentos o facilidades de crédito. “Somos muy sensibles y muy débiles de repente para rechazar la tentación de comprar algo”, afirmó.

A su criterio, muchas compras no responden a una necesidad real, sino al deseo de aparentar o de mantener determinado estatus frente a los demás. El especialista recordó incluso situaciones en las que las personas adquieren productos de alto costo únicamente para aprovechar un acontecimiento puntual, aun cuando después no puedan sostener el compromiso financiero asumido. “Al final, el único engañado es uno mismo”, sostuvo.

En este punto, también llamó a reflexionar sobre expresiones instaladas en la cultura cotidiana, como “ya después vemos” o “vamos a bicicletear”, que terminan normalizando el endeudamiento como una forma permanente de afrontar los gastos.

Tres meses de respaldo para enfrentar una crisis

Otro de los conceptos centrales planteados por Pereira es el de contar con un colchón financiero que permita afrontar situaciones inesperadas. “La estabilidad es cuando vos tenés un ingreso o un colchón de seguridad, un ahorro de por lo menos tres meses disponible”, explicó.

Ese respaldo, según indicó, puede marcar una diferencia importante ante una pérdida de empleo, una rescisión contractual u otra situación que afecte los ingresos familiares. “Si uno tiene por lo menos tres meses del sueldo como para manejarse mientras busca otra actividad, eso le va a dar mucha más tranquilidad para buscar algo mejor”, señaló.

Para Pereira, una crisis también puede convertirse en una oportunidad para desarrollar una actividad independiente. La capacidad de generar ingresos por cuenta propia, dijo, puede brindar mayor resiliencia frente a los cambios de la vida laboral. “La idea no es fácil, pero tampoco es imposible. Es una cuestión de hábitos, de ir paso por paso. En poco tiempo uno se da cuenta de los resultados que tiene ser ordenado y disciplinado financieramente”, afirmó.

Educación financiera desde la infancia

Pereira considera que la educación financiera debe formar parte de la formación de los niños y jóvenes. Recordó que, durante su gestión al frente del Banco de Fomento y posteriormente en la Secretaría Técnica de Planificación, se plantearon iniciativas vinculadas con este objetivo. También recordó una experiencia desarrollada desde el Banco de Fomento para ayudar a personas altamente endeudadas. El programa de Compra de Deuda buscaba consolidar diferentes obligaciones en un solo crédito, con mejores condiciones y una cuota acorde con la capacidad de pago de cada persona. “Había gente que ganaba bien relativamente, pero tenía un endeudamiento enorme. Prácticamente, gente que ganaba 7 u 8 millones no cobraba el sueldo”, relató.

La estrategia comenzaba por identificar a todos los acreedores y ordenar las obligaciones: desde compras en comercios y electrodomésticos hasta deudas con cooperativas, financieras y tarjetas de crédito. “Les decíamos: hacé una lista de los acreedores que tenés y después de las deudas. Entonces nosotros hacíamos un crédito del banco, comprábamos todo esto y bajábamos todos los intereses”, explicó.

El objetivo no era solamente aliviar la situación inmediata, sino generar las condiciones para que esas personas no volvieran a caer en el mismo problema.

“No esperemos que en las escuelas nos enseñen”

Aunque considera necesaria una mayor presencia de la educación financiera en el sistema educativo, Pereira sostiene que los padres no deberían esperar a que esa formación llegue exclusivamente desde las aulas. “Yo le pediría a los padres que en las casas sí hablen de eso. No esperemos que en las escuelas nos enseñen”, manifestó.

A su criterio, desde la infancia se pueden introducir conceptos sencillos relacionados con el ahorro, los gastos básicos, los gastos fijos y variables y la administración del dinero. “Hay que empezar a poner conceptos claros en la niñez: qué es el ahorro, la importancia del ahorro, qué son los gastos básicos, los gastos comunes, los gastos fijos y los gastos variables. Son términos básicos, pero que van marcando pautas en la gente en el manejo del dinero”, explicó.

Para el especialista, la educación financiera también está relacionada con los valores y comportamientos que los niños observan diariamente en sus hogares. “Los niños miran cómo son los padres, ven cómo se manejan. Esa es la primera educación que uno recibe”, afirmó.

Por eso, consideró importante que los padres puedan explicar a sus hijos cuando determinado producto o servicio está fuera de las posibilidades económicas de la familia, en lugar de asumir deudas únicamente para satisfacer un pedido. “En vez de ir a buscar forzosamente cómo compensar ese pedido de esa criatura que no sabe lo que pide, es mejor concientizarle y decirle: sí, eso no te puedo comprar, pero esto sí te puedo comprar. Entonces uno le está enseñando valores y principios”, sostuvo.

Uno de los problemas que más preocupa a Pereira es la naturalización del crédito como mecanismo para cubrir gastos cotidianos. “Uno gasta más de lo que gana”, advirtió.

Cuando llega el final del mes y los ingresos ya están comprometidos en cuentas, cuotas y obligaciones, la persona puede quedar atrapada en un ciclo difícil de romper. “O quitás un crédito para pagar un crédito. Es peor todavía. Y eso es justamente por una falta de educación financiera”, señaló.

Pereira también llamó a utilizar el crédito de manera responsable y únicamente cuando exista una razón justificada. El hecho de que una entidad financiera ofrezca dinero de manera rápida, incluso mediante procesos digitales, no significa que la persona deba aceptarlo. “Todo lo que te ofrezcan de crédito tenés que pagar. Y todos tenemos un sueldo nomás”, remarcó.

A su entender, además, es importante diferenciar entre endeudarse para adquirir un bien de consumo y utilizar recursos para desarrollar una actividad que pueda generar ingresos.

Más que ganar, aprender a administrar

La libertad financiera, según Pereira, no significa necesariamente tener grandes ingresos, sino desarrollar la capacidad de administrar correctamente los recursos disponibles, generar alternativas y construir un respaldo para el futuro. Por eso, además de promover el ahorro, el especialista alienta a las personas a desarrollar actividades complementarias y aprovechar sus capacidades.

Recordó, en ese sentido, experiencias de personas a quienes ayudó durante la pandemia a iniciar pequeños emprendimientos, como la venta de alimentos mediante carritos. “Un carrito de pancho es un trabajo digno, es una actividad. La idea es que al joven se le vaya concientizando de que hay que adoptar una actividad. Esa actividad es la que te va a ir manteniendo mientras encuentres algo mejor”, expresó.

Para Pereira, el desafío es instalar una nueva cultura en torno al dinero: ahorrar antes de gastar, controlar los gastos, evitar las compras impulsivas, utilizar el crédito con responsabilidad y aprender a generar ingresos. “No hay excusa para no educarse, no hay excusa para no aprender”, sostuvo, al destacar que la tecnología y el acceso a la información permiten hoy adquirir conocimientos de manera autodidacta.

El desafío, finalmente, no pasa solamente por cuánto dinero entra al hogar, sino por las decisiones que se toman con él. Para Pereira, la educación financiera debe convertirse en un hábito cotidiano y comenzar desde la infancia, porque aprender a manejar el dinero también significa aprender a construir autonomía, estabilidad y libertad.

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