En una entrevista exclusiva concedida a Poder Agropecuario, el coleccionista e investigador argentino José María Barrale repasó su trayectoria vinculada al mundo de la maquinaria agrícola, una pasión que nació en su infancia y que con los años lo llevó a documentar la historia de las cosechadoras argentinas, rescatar equipos históricos y publicar obras de referencia para el sector.
Nacido y criado en el campo, en Colonia Castelar, una pequeña localidad ubicada al sur de la ciudad de San Francisco, provincia de Córdoba, Barrale recordó que su fascinación por las máquinas agrícolas comenzó cuando apenas tenía cinco o seis años. “Tuve la suerte de crecer en el campo y desde muy chico andaba arriba de las cosechadoras. La maquinaria agrícola fue algo que me apasionó desde la infancia”, relató.
Su interés lo llevó a comenzar una colección de folletos técnicos obtenidos en exposiciones rurales, una afición que con el tiempo se transformó en una impresionante biblioteca especializada. “Empecé juntando folletos sin imaginar adónde me iba a llevar ese camino. Hoy conservo más de 14.000 ejemplares únicos”, comentó.
Barrale recordó que, alentado por una de sus tías, comenzó a escribir cartas a fabricantes de maquinaria agrícola para solicitar información y material promocional. Aquella iniciativa amplió considerablemente su colección y fortaleció su conocimiento sobre el sector.
La carta que cambió el rumbo de una compra familiar
Uno de los episodios más recordados de su juventud ocurrió en 1983, cuando tenía apenas 16 años. Convencido de que existían mejores opciones para modernizar el establecimiento familiar, decidió actuar por su cuenta y escribir una carta a la firma Araus Hermanos, fabricante de cosechadoras que admiraba profundamente. “Les escribí sin que nadie en mi familia lo supiera. Poco después recibí un telegrama anunciando que vendrían a visitarnos para hablar de la compra de una máquina”, recordó.
Cuando los representantes de la empresa llegaron al establecimiento, descubrieron que el supuesto interesado era un adolescente. Sin embargo, la gestión derivó en una negociación con la familia que terminó concretándose. Según relató Barrale, la operación inicial con otra marca enfrentaba dificultades vinculadas a la financiación y a cuestiones administrativas relacionadas con la provisión del motor, situación que facilitó finalmente la adquisición de una cosechadora Araus.
La experiencia marcó profundamente su vida y consolidó el vínculo que ya tenía con el universo de la maquinaria agrícola.
Del trabajo rural a la preservación de la historia
Años después, tras alejarse de la actividad productiva y abrir una oficina comercial dedicada a la venta de maquinaria agrícola, Barrale decidió emprender un proyecto que venía madurando desde hacía tiempo. “Sentía que había que rendir homenaje a los pioneros de la industria de cosechadoras, a quienes llegaron al país y construyeron fábricas desde cero”, explicó.
Con ese objetivo comenzó a recorrer distintas provincias argentinas para entrevistar a fabricantes, empresarios y protagonistas del desarrollo de la maquinaria agrícola nacional. Ese trabajo dio origen a Reinas Mecánicas, una obra en la que recopiló testimonios e historias de fabricantes de cosechadoras. Para elaborarla entrevistó personalmente a 30 referentes de la industria, redactando inicialmente los textos de manera manual antes de someterlos a un proceso de corrección y edición.
El éxito de la publicación fue inmediato y permitió que ejemplares llegaran a distintos países. Posteriormente publicó Reyes del Surco, dedicado a la evolución de los cabezales maiceros, una obra que incluso presentó en Francia por invitación de instituciones vinculadas al sector.
Recientemente presentó Reinas Mecánicas 2, donde incorporó información sobre 50 fábricas argentinas de cosechadoras, sus modelos, años de producción y principales características.
El rescate de máquinas históricas
Paralelamente a su trabajo como investigador y escritor, Barrale emprendió una tarea de recuperación de maquinaria histórica. “Empecé a rescatar cosechadoras que encontraba abandonadas en campos y galpones para evitar que terminaran como chatarra”, señaló.
Actualmente conserva 12 máquinas históricas, de las cuales dos fueron restauradas completamente y suelen participar en exposiciones y muestras agropecuarias en distintos puntos de Argentina.
El “triángulo de acero” de la industria argentina
Durante la entrevista, Barrale destacó el papel que desempeñó Argentina en el desarrollo de la maquinaria agrícola y explicó que gran parte de la industria de cosechadoras se concentró históricamente en una región integrada por las provincias de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires, a la que denomina el “triángulo de acero”. Asimismo, sostuvo que el país fue escenario de importantes innovaciones tecnológicas vinculadas a la mecanización agrícola, entre ellas el desarrollo de cosechadoras y cabezales maiceros que posteriormente sirvieron de referencia para otros mercados.
“Detrás de cada máquina hay una historia de esfuerzo, creatividad e innovación. Mi intención siempre fue preservar esa memoria para que las nuevas generaciones conozcan cómo se construyó esta parte de nuestra historia productiva”, concluyó.




