Agrosoil: manejo integrado que transforma el campo

En plena cosecha de arroz, en San Dionisio, departamento de Itapúa, el ingeniero Marcelo Barúa, representante técnico de Agrosoil, dio detalles sobre una experiencia innovadora que se está llevando a cabo en una parcela ubicada en esta localidad. Lo particular de este lote es su manejo poco convencional: comenzó con una siembra de soja zafra y, tras su cosecha, se implantó arroz sobre el mismo terreno.

“Este sistema de rotación ha demostrado ser una estrategia eficaz para enfrentar una de las principales problemáticas que aquejan a los productores: el control de la maleza, especialmente el arroz colorado, una especie resistente que se ha vuelto difícil de erradicar incluso con herbicidas convencionales”, explicó Barúa.

Ante esta dificultad, muchos productores han comenzado a explorar nuevas estrategias de manejo agronómico. En esta parcela, por ejemplo, la soja fue sembrada entre finales de agosto y principios de septiembre, y cosechada a fines de diciembre. Posteriormente, se implantó el arroz, cuya cosecha se está realizando actualmente.

Lo más destacado de este ciclo productivo ha sido la incorporación de productos biológicos en el manejo del arroz. Agrosoil implementó una estrategia basada en el uso de probióticos, insecticidas y fungicidas biológicos. Según Barúa, esta práctica está generando resultados muy positivos.

“Hoy en día hay mucha reticencia a cambiar el sistema tradicional basado en productos químicos. Sin embargo, estamos demostrando que el uso de biológicos puede ser altamente efectivo, incluso en cultivos extensivos como el arroz. Logramos un excelente control sanitario con una sola aplicación de estos productos”, señaló.

Además del beneficio agronómico, esta metodología también representa una oportunidad comercial. “El uso de herramientas biológicas permite producir un arroz con menor carga de residuos químicos, lo que abre las puertas a mercados más exigentes y mejor cotizados. Si bien gran parte del arroz paraguayo se exporta a Brasil —que tiene exigencias más flexibles—, para acceder a otros destinos se requiere cumplir con estándares más estrictos”, indicó.

El proyecto comenzó el año pasado con una superficie de 80 hectáreas. Gracias a los buenos resultados obtenidos, el productor decidió expandir la práctica en esta zafra a unas 300 hectáreas, aunque el objetivo inicial era llegar a 500. Las condiciones hídricas impidieron alcanzar esa meta, pero los resultados actuales siguen siendo altamente satisfactorios.

Una vez finalizada la cosecha, el siguiente paso será aplicar microorganismos eficientes para acelerar la descomposición del rastrojo, un residuo importante en el cultivo de arroz. “Esto permitirá reducir el uso de maquinaria para la preparación del suelo, facilitando la siembra directa. Además, se favorece el reciclaje de nutrientes como fósforo, potasio, calcio, magnesio y silicio, que serán aprovechados en la próxima campaña”, explicó Barúa.

Este enfoque no solo mejora la rentabilidad del productor, sino que también representa un avance en prácticas agrícolas sostenibles. Como bien señaló el ingeniero: “El mundo hoy apunta al uso eficiente de los recursos y al cuidado del suelo. Este tipo de manejo es una muestra de que es posible producir más y mejor, cuidando el ambiente”.

Doble cosecha y manejo biológico

En Itapúa, la producción de arroz zafriña marca un paso firme hacia la sostenibilidad. El Ing. Justo Rodríguez, técnico de campo del establecimiento, habla sobre su experiencia con el uso de productos biológicos de Agrosoil, como la tecnología EM•1® de microorganismos eficaces, que mejoró el suelo y los rendimientos.

Con una superficie de 1.800 hectáreas, el predio implementa desde hace tres años un sistema rotativo de arroz y soja, con resultados alentadores en control de malezas y productividad. “El mayor problema hoy en el arroz es la maleza, especialmente el arroz colorado, que ya no se puede controlar con los métodos tradicionales. Por eso decidimos rotar con soja, buscando limpiar el campo”, explicó Rodríguez. La estrategia se basa en un “ping-pong” de cultivos: se siembra arroz, se cosecha, luego se siembra soja, y se vuelve nuevamente al arroz.

Desde 2024, el establecimiento dio un paso más allá: incorporó el cultivo de arroz zafriña, una práctica aún poco común en Paraguay. “El año pasado probamos con 85 hectáreas y este año queríamos llegar a 500, pero el agua fue un limitante. Aun así, logramos hacer 300 hectáreas”, señaló. El desafío no es menor, considerando que se trata de suelos bajos, donde el exceso de lluvias dificulta el ingreso de maquinaria.

Además de la rotación y la doble cosecha anual, el establecimiento apostó por el uso de productos biológicos de la línea Agrosoil. “El año pasado probamos en 50 hectáreas. Este año, todas las 300 hectáreas de arroz zafriña se manejaron con productos netamente biológicos, sin aplicar ningún químico”, afirmó el técnico.

Los resultados fueron contundentes: “Lo que vimos fue impresionante. No hubo presencia de chinches ni otras plagas, y la calidad de los granos fue espectacular. En la soja de zafra solemos hacer entre tres y cuatro aplicaciones químicas, pero ahora salimos con una sola aplicación biológica, y fue suficiente. Estamos rindiendo más que el año pasado, con un estimativo de 7.500 kilos por hectárea. Para una zafriña, eso es muy bueno”.

El ingeniero Rodríguez destacó también el impacto ambiental positivo de esta tecnología. “Sembramos soja, cosechamos a finales de diciembre, y sin remover el suelo, sembramos directamente arroz. No llovía, así que irrigamos para garantizar la germinación. Cuando llegó la etapa productiva, hicimos una sola aplicación, monitoreamos y no hizo falta repetir. No se ve plaga alguna. El producto realmente funcionó”.

Además del control efectivo, el sistema biológico contribuye a recuperar la vida microbiana del suelo y a mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes. “La empresa habla de repoblar con organismos benéficos que controlan naturalmente las plagas, y lo estamos comprobando en campo. Apostar por lo biológico es apostar a un sistema más equilibrado, más sano y con mejor proyección a mercados que exigen trazabilidad y sustentabilidad”, concluyó Rodríguez.

Este modelo de manejo, que combina rotación, doble cosecha y bioinsumos, representa una alternativa concreta para los productores que buscan rentabilidad sin descuidar el medio ambiente.

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