Con 15 años, Sabrina Sosa Oviedo lleva cinco años vinculada a la danza de la botella. Su recorrido comenzó con el canasto y el cántaro hasta llegar a una disciplina en la que ya logró sostener 24 botellas. Ahora, su próxima meta es alcanzar las 30.
La danza de la botella se convirtió para Sabrina Sosa Oviedo en mucho más que una disciplina artística. A sus 15 años, la joven lleva aproximadamente cinco años practicándola y construyó, paso a paso, un proceso que hoy la llevó a asumir uno de sus mayores desafíos: sostener 24 botellas.
Su camino comenzó desde muy pequeña y tuvo distintas etapas. Primero trabajó con el canasto, luego con el cántaro y finalmente llegó a la botella. Fue en ese momento cuando descubrió que tenía facilidad para esta disciplina y decidió comenzar a fijarse objetivos cada vez más altos. “Empecé con el canasto, luego fui con el cántaro y, por último, con la botella. Ahí fue cuando me di cuenta de que soy muy buena bailando con la botella y empecé a ponerme metas e ir cumpliéndolas de a poco”, relató Sabrina.
Durante un año también entrenó con la maestra Letia, quien la ayudó en el proceso para incrementar progresivamente la cantidad de botellas que podía alzar. Actualmente, continúa su formación artística en la Academia Elizabeth Vinader, donde cursa el profesorado de danza.
Concentración, música y adrenalina
Para Sabrina, cada presentación exige concentración y coordinación. Al momento de bailar, busca mantenerse enfocada y, al mismo tiempo, seguir el ritmo de la música. “Cuando bailo con las botellas siempre me concentro mucho. También intento escuchar la música para entrar en ritmo”, explicó.
Pero hay algo más que la motiva especialmente: la adrenalina que experimenta cuando aumenta la altura y la cantidad de botellas. “Lo que más me gusta de bailar la danza de la botella es la adrenalina que siento cuando hago altura y con mucha cantidad de botellas”, señaló.
Uno de los principales desafíos, según explicó, está en la coordinación con quienes la acompañan durante la presentación. “Para mí, en lo personal, lo más complicado es encontrar un buen grupo de botelleros que sepan cómo colocarme la botella y entenderme con ellos también a la hora de bailar”, comentó.
De 18 a 24 botellas
El reciente logro de Sabrina fue resultado de un proceso progresivo. Durante los últimos cuatro sábados de preparación fue incrementando la cantidad: primero 18 botellas, luego 20, después 22 y finalmente 24.
Una vez que comienza el desafío, la adrenalina juega un papel importante. El proceso de Sabrina en la danza comenzó alrededor de los tres años. A lo largo de su formación pasó por el canasto, el cántaro y posteriormente la botella.
Actualmente, además de su formación en danza, Sabrina practica hockey y durante varios años también realizó equitación.
Una meta de 30 botellas
Después de alcanzar las 24 botellas, Sabrina ya tiene claro cuál será su próximo desafío, aunque sabe que deberá esperar para intentarlo. “Lo que quiero lograr es seguir superándome. La meta a la que quiero llegar es alcanzar las 30 botellas, pero más adelante, cuando sea un poco más grande”, afirmó.
La joven también tiene una aspiración que va más allá de la cantidad de botellas: representar a Paraguay y mostrar esta expresión artística en otros países. “Me encantaría representar al Paraguay afuera y mostrar todo el arte que es la danza de la botella, que solamente Paraguay tiene”, expresó.
Su mensaje para quienes buscan superar sus propios límites también está marcado por su experiencia. “Les diría que el miedo siempre es un factor limitante, que sigan, que superen ese miedo y que todo es posible”, sostuvo.
Sabrina entrena tres horas semanales específicamente para esta disciplina, además de sus clases en la Academia Elizabeth Vinader, donde también recibe formación en danza de la botella.
Su preparación cuenta asimismo con acompañamiento profesional. Tiene una médica familiar de cabecera, recibe atención quiropráctica una vez por semana y recurre a fisioterapia cuando presenta alguna contractura o molestia. También realiza semanalmente masajes corporales descontracturantes.
A los 15 años, las 24 botellas ya forman parte de su historia. Pero para Sabrina, el desafío continúa: seguir creciendo, superar sus propios límites y, algún día, llevar la danza de la botella paraguaya más allá de las fronteras.




