Friesland: el modelo cooperativo que transforma el norte con trabajo, fe y comunidad

Desde el corazón de San Pedro, la Cooperativa Friesland Ltda. impulsa desarrollo productivo y social con una visión clara: avanzar juntos y generar oportunidades para toda la región.

En la colonia Friesland, ubicada en el departamento de San Pedro, el cooperativismo no es solo una estructura organizativa: es una forma de vida. Así lo expresa su presidente, Ferdinand Regehr, quien recibió al equipo de Poder Cooperativo para compartir la historia, los desafíos y la proyección de una comunidad que nació de la adversidad y hoy es motor de desarrollo regional.

“Siempre decimos: vengan, conozcan lo que somos en el interior. Vean cómo vivimos, cómo trabajamos y qué hemos construido”, señaló Regehr, al destacar la importancia de acercar la realidad de las cooperativas a la ciudadanía.

De la necesidad a la organización

La historia de Friesland se remonta a 1937, cuando un grupo de inmigrantes menonitas, provenientes de Fernheim, decidió asentarse en nuevas tierras tras las duras condiciones del Chaco. “Nuestros antepasados entendieron que solos no podían. La única forma de salir adelante era unirse, producir y organizarse. Así nació la cooperativa”, explicó.

Aquellos primeros menonitas estuvieron marcados por el aislamiento y las dificultades logísticas. “Se viajaba durante días en carreta hasta el río Paraguay para conseguir provisiones. Era una lucha constante por sobrevivir”, recordó. En ese contexto, el modelo cooperativo se convirtió en la herramienta clave para el progreso.

Hoy, Friesland mantiene intactos los valores que guiaron a sus fundadores. “Nuestro desarrollo se basa en cuatro pilares: el trabajo, la fe, la educación y la familia. Son principios que nos acompañan todos los días”, afirmó Regehr.

La colonia cuenta actualmente con cerca de 680 habitantes en su asociación civil y alrededor de 420 socios en la cooperativa. Con una edad promedio de 40 años, se trata de una comunidad activa, donde el sentido de pertenencia se transmite de generación en generación. “Nacimos dentro del cooperativismo. Para nosotros, siempre fue parte de la vida”, agregó.

Un modelo integral: producción, industria y servicios

La Cooperativa Friesland ha diversificado sus actividades, consolidando un sistema productivo integral. En el ámbito agropecuario, desarrolla ganadería, agricultura y confinamiento en tres estancias. En el plano industrial, opera en el sector lácteo —actualmente en alianza con la marca Trebol— y en la producción de balanceados.

Además, brinda servicios como asesoramiento técnico, acopio y comercialización de granos, mantenimiento vial, transporte, provisión de insumos, estaciones de servicio, supermercado, y hasta un hospital propio. “Hoy tenemos más de 300 empleados, y el 72 % proviene de comunidades vecinas. Eso también es avanzar juntos”, destacó.

Uno de los principales retos es facilitar el acceso de los jóvenes a la producción. “El alto costo de la tierra hace que iniciar sea cada vez más difícil. Por eso apostamos a la formación y al acompañamiento”, explicó el presidente.

La cooperativa impulsa becas de estudio, apoyo al emprendedurismo y líneas de crédito especiales. “Tenemos créditos para iniciantes, incluso algunos sin tasa, vinculados directamente a la producción. Queremos que los jóvenes puedan desarrollarse y quedarse”, afirmó.

Impacto regional y cooperación vecinal

Lejos de ser un modelo cerrado, Friesland ha extendido su influencia a comunidades aledañas. A través de la cooperación vecinal COVESAP, ha acompañado la creación y fortalecimiento de la Cooperativa Carolina, que hoy supera los 600 socios.

“Avanzar juntos no significa crecer solos dentro de la colonia. Significa impulsar el desarrollo de todo el distrito”, subrayó Regehr. Esta articulación ha permitido que pequeños productores accedan nuevamente a créditos y servicios, mejorando su calidad de vida.

Un mensaje claro: el desarrollo depende del trabajo colectivo

En un contexto donde muchas veces se espera que las soluciones provengan desde arriba, Regehr fue enfático: “No podemos esperar todo del Estado. El desarrollo depende de que nosotros mismos nos involucremos, trabajemos y soñemos”.

También destacó la necesidad de comunicar más y mejor el trabajo del sector cooperativo. “Muchas veces no se conoce lo que hacemos. Y lo que no se conoce, no se valora”, reflexionó.

Con una estructura sólida, una visión inclusiva y un fuerte compromiso con su entorno, la Cooperativa Friesland se posiciona como un ejemplo de cómo el cooperativismo puede generar progreso sostenible, integrando producción, comunidad y oportunidades.

“Si crecemos solos, nos perjudicamos. El verdadero camino es crecer entre todos”, concluyó.

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